Francisco

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El Náufrago I. Renacer tras el desastre

In El Náufrago on 7 mayo, 2007 at 18:34

Navegaba en el Mar de las libélulas azules, cuando de pronto se empezó a nublar el horizonte. No pasa nada, me dije, por fuerte que venga la tempestad, mi barquito puede superarla. Ya he surcado este mar y he sufrido otros naufragios.

A los pocos minutos, me encontraba agarrado a los restos de mi destrozada embarcación. Sin rumbo. El horizonte nada claro. Bajo mis pies, el abismo del mar. Me encontraba solo e indefenso. ¿Pero cómo se había hundido mi barquito? Me sentía a gusto en él, creí que era un barco marinero. Lo había construido con mis propias manos, utilizando restos de otros naufragios, con tablones sólidos, acostumbrados a sufrir los más fuertes embates y sin embargo…

Intenté subirme arriba del madero, la idea de flotar sin un apoyo solido bajo mis pies, me producía inquietud. Pero por mucho que lo intenté no lo lograba. El Mar me lo impedía. Entonces pensé que cualquier sensación de seguridad es siempre falsa. Al fin y al cabo, mi barquito se había hundido en un momento. Todo lo que creía estable había desaparecido.

Decidí dejar de pensar que mis pies necesitaban apoyo y me di cuenta que no era tan desagradable, incluso sentí que el Mar se hacía mi amigo y que esas olas bravas, en realidad solo querían acunarme.

Cuando empecé a abandonarme a esa maravillosa sensación, noté que mis pies volvían a sentir apoyo….sin darme cuenta había llegado a una isla. Me quedé profundamente dormido, agotado, en la arena de la playa.

Al día siguiente ví que estaba en una isla pequeñita. El cielo era muy azul y las nubes eran guirnaldas de algodón. El Sol radiante lo iluminaba todo…no había nadie allí. Era un sitio perfecto…pero empecé a echar de menos a la gente que quería. Me sentía muy triste y abandonado. Siempre deseando encontrar un sitio como este y al final cuando lo encuentro, quisiera estar en otro lado. ¿Por qué las personas no valoramos lo que tenemos? ¿Por qué nos hacemos daño, añorando aquello de lo que carecemos?

Por la noche me di cuenta de que no estaba tan solo. Había un millón de luceros en el firmamento y cada uno de ellos me traía una promesa de renovación. En cada luz, se encerraba la ilusión del Amor eterno, ese Amor que jamás muere porque bebe en la fuente de la Esperanza Perpetua.

Quise encender un fuego para calentarme pero no sabía como hacerlo. De pronto me acordé de tus palabras. No hay calor más intenso que el del Amor Verdadero.

¿Amor Verdadero? ¿Qué será eso? Busqué y Busqué por toda la Isla, pero allí no había yesca con Amor Verdadero. Cansado y Abatido me senté a contemplar la Luna y entonces lo sentí….de lo más profundo de mi Corazón irradiaba un calor suave. Al mirar el astro plateado, lo recordé. Yo también fui Amado una vez. Yo también había Amado con toda mi Alma. El Amor de las personas que habían navegado conmigo. El Cariño de mis amigos, las luces que encendieron para que nos encontrásemos…todo eso había prendido en mi pecho e iluminaba las Tinieblas que me circundaban. No estaba solo, todas esas personas me acompañaban y fortalecían.

Me senté al borde del mar y disfruté de ese momento de comunión con el Universo.

 

Todas las mañanas recorría la playa y descubría con sorpresa, que la marea me había traído cosas que podía utilizar para hacer mi vida más agradable.

Un día me di cuenta de que a lo lejos, allende el mar, se divisaba humo. Pensé que alguien me hacía señales y corriendo, preparé una balsa para dirigirme hacia allí.

Al cabo de un rato distinguí otra isla minúscula. Una persona habitaba en ella. Me acerqué para saludarle, pero me empezó a arrojar piedras. Yo intentaba decirle que quería ser su Amigo, pero no me entendía. Hablábamos distintos idiomas y no podíamos comunicarnos. Creo que interpretó mi aproximación como un gesto agresivo y empezó a defenderse.

Me sentí decepcionado y triste y decidí volver a mi Isla. Pensé que a lo mejor esta persona estaba tan violenta, porque no conocía el Fuego y no podía calentarse. Así que antes de embarcar, decidí abrir mi pecho y dejar encendida una fogata para que la pudiera utilizar cuando yo me hubiese ido. Espero que la llama haya prendido…

Cuando regresé a mi Isla, decidí que ya había permanecido allí mucho tiempo, que tenía que volver a surcar las aguas para descubrir nuevos horizontes.

Así que me puse manos a la obra para volver a construir un barquito que me llevase a donde mis sueños me guiaran….

 

Todos surcamos el Mar de La Vida. A veces naufragamos y el Mundo que creíamos tan firme desaparece. No hay mayor engaño, que pensar que todo está bajo nuestro control. En realidad somos marionetas que empezamos a entender el sentido de la Vida, cuando dejamos que La Providencia nos guíe.

Los Naufragios son necesarios para que podamos aprender a nadar y a descubrir el fuego que otros encendieron en nuestro corazón.

Nos cruzamos con otros navegantes, con los cuales no podemos comunicarnos, porque los códigos que utilizamos no son correctos, porque muchas veces interpretamos mal los gestos…porque seguramente no estamos preparados para hablarnos.

En cualquier caso si naufragas no pierdas jamás la esperanza….Nunca sabes lo que la Marea traerá hasta tu Playa. 

 

F. Muñoz

 

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