Francisco

El Náufrago III. Una Puerta a la Esperanza

In El Náufrago on 29 enero, 2008 at 1:23

El Viento hincha mi vela. Al frente horizonte nada más.

Llevaba mucho tiempo navegando. Me había hundido y había rehecho mi barquito en varias ocasiones. Cada vez me parecía más difícil. Cada vez pensaba “esta es la última, ya no puedo aguantar otro naufragio”. Pero siempre ocurría algo y al final, ese algo acababa en desastre.

Sin embargo, de cada naufragio salía fortalecido. Me daba cuenta de que era capaz de rehacer mi embarcación cada vez más rápido y sobre todo, de que no necesitaba tantas cosas para navegar como creía al principio. Lo imprescindible siempre acababa desapareciendo y tornándose en lastre del que me era preciso librarme.

Las situaciones de seguridad se me antojaban ilusiones que al primer soplo de fuerte viento, se desvanecían como nubes de sueño.

Pero en aquel momento, lleno de mar y cielo, aquello me resultaba indiferente. En aquel momento, ante la promesa del Navegante, ante esa posibilidad remota de una isla distinta por descubrir, de marcar un nuevo rumbo y de domar el mar ante mí, nada tenía ya importancia.

El Premio merecía todo el Riesgo…si es que no es suficiente premio el Camino en sí mismo.

Continúe surcando el Mar del Olvido divisando al fondo Nubes de Esperanza.

Pasaron los días y me di cuenta de que mi velocidad disminuía, hasta que por fin me paré del todo. El Mar tenía un extraño aspecto verdoso y el cielo era naranja. Aunque soplaba el viento no me movía. Pronto lo entendí. A mi alrededor había una cantidad increíble de algas. El mar se hizo tan tupido que era imposible avanzar.

Dios Mio ¿cómo voy a salir de aquí? No tengo agua para aguantar mucho tiempo. ¿Es esto el fin? Me preguntaba

El Hermano Sol arriba, antes mi amigo, ahora me hería con sus rayos. El Calor era insoportable. Poco a poco fui perdiendo la Esperanza y con ella el sentido.

Hola.

Oí entre sueños.

Me incorporé un poco y asombrado descubrí que había una gaviota apoyada en el timón ¡y me estaba hablando!

He debido morirme, pensé, o quizá estoy alucinado por el Sol y la Sed.

Ni lo uno ni lo otro.

Dijo la Gaviota

Aquello era el colmo, además me leía el pensamiento.

-¿Qué eres?

Le pregunté

-¿Acaso no lo ves? ¿El Sol te ha vuelto tonto? ¡Soy una gaviota, por supuesto! 

Por supuesto, era una gaviota. Una gaviota que hablaba…me tumbé otra vez y me hundí en el infinito misericorde.

Era de noche, cuando volví en mí. Una luna enorme rielaba en el horizonte. El Mar era balsa de aceite, nada se movía en torno a mí. Me di cuenta de que algo faltaba, las estrellas no estaban. Era un cielo azul oscuro, con una luna llena blanca y que con su luz lo iluminaba todo de un tono gris metálico…pero no había estrellas. No había nubes tampoco. Era un firmamento huérfano, de todo aquello que no fuese aquel redondo satélite.

Bueno, por lo menos aquel pajarraco, fruto sin duda de mi calenturienta imaginación, había desaparecido

Me asomé a la borda, y entonces los vi…

Había personas, dentro del Mar. Podía verlos pasar por debajo de mi quilla. La rozaban y se movía, aquello era Real

¿Pero qué estaba pasando? ¿Dónde había ido a parar?

Pasaron centenares antes de que pudiese darme cuenta. Yo conocía aquella gente. De alguna manera u otra había tenido relación con todos esos seres. Algunos de ellos, solo se habían cruzado conmigo durante brevísimo tiempo.

¿Qué hacéis aquí? ¿Qué queréis de mí?

Grité asustado.

Pero nadie respondía.

Me senté apesadumbrado, no sabía qué hacer. Así que empecé a rezar para que aquellas visiones desapareciesen. Yo casi no les conocía ¿por qué me atormentaba su presencia?

Es cierto, no nos conociste. Oí que alguien decía. No perdiste el tiempo necesario para habernos conocido, tu valioso y escaso tiempo. No supusimos para ti, nada más que barcos en la noche, que se cruzan una vez y luego se pierden en la bruma. Eso fuimos para ti, nada. Y sin embargo, pudimos haber cambiado tu existencia. Pudimos haber hecho de ti, un hombre distinto.

Tu indiferencia nos castigó al olvido, a habitar en estas aguas muertas y salobres. En estas profundidades de tu consciencia habitaremos siempre, para recordarte lo que no fue y pudo haber sido.

Pero yo no lo sabía. Respondí. Tomé las decisiones que me parecieron correctas. La mayoría de las veces, ha sido el Camino el que me ha impedido conoceros mejor. ¿Tengo que pagar por ello? ¿Por decidir?

Yo también habito en las profundidades de la consciencia de cientos de personas ¿es que acaso debo martirizarles porque no me quisieron conocer, porque decidieron seguir caminos distintos del mío? Cada decisión que he tomado me ha cerrado una puerta, pero me ha abierto una posibilidad distinta. No he querido hacer daño, simplemente he abierto unas puertas y he cerrado otras. Algunas puertas me costó mucho cerrarlas. Otras se cerraron sin que yo quisiera. ¿Tengo que pagar por esto? ¿Por vivir?

De pronto sopló el viento y ahora mi barquito empezó a moverse. Esta vez sí que había estrellas en el firmamento. Navegué toda la noche, sin rumbo, hasta que agotado caí rendido.

Respondiste bien ayer.

Allí estaba, despertándome otra vez, la Gaviota parlanchina.

-Vivir no es gratis, tiene consecuencias. Has de asumirlas y seguir navegando. Lo importantes no es equivocarse, sino saber asumir los errores. Levantarte cuando te caigas. Construir un nuevo barco cuando te hundas. Pedir ayuda cuando te estés ahogando. ¿Lo entiendes, verdad?

Ahora creo que sí. Respondí . Pero no me di cuenta de ello hasta anoche. ..

Bien, pues ahora, sigue navegando, a lo mejor volvemos a vernos.

Y levantó el vuelo

Espera un momento. Grité. ¿Cómo te llamas?

Pero solo oí en respuesta, un graznido… 

 

Francisco Muñoz

  1. Qué bello relato Fran; una descripción muy precisa de cómo nos hemos sentidos todos en algún momento de nuestra vida, en mi caso en concreto, es así como me siento actualmente. Soy por naturaleza alegre, dicharachera, extrovertida y divertida pero sin saber como ni por qué mi barca zozobró a base de golpes de mar inesperados e ingratos. Ahora se trata de construir una nueva embarcación con los pedacitos que han quedado y nuevamente yo la construiré pero antes…..antes debo llorar, desahogar mi alma del dolor, dejar que se exprese mi corazón porque las lágrimas producen sosiego, calma, paz y después de esa paz renace el espíritu de lucha que vive en mi. De todos modos, ojalá yo fuera esa gaviota de tu historia y tuviera las cosas tan claras como ella. Aunque ¿sabes? siempre que llueve escampa….Un abrazo

  2. Muchas Gracias
    ¡A ver si va a ser verdad que las gaviotas hablan!
     
    Un beso

  3.  
     Una vez más,la expresión del que yerra una y otra vez,y después se levanta…..esa es la vida.Gracias por recordárnoslo,cielo.
     
    Por cierto: eso de "Francisco pensando…rara vez lo hace..",¡si es tu deporte favorito!.
     
    Un beso,cariño,y suerte en la castigada tierra de Cristo.

  4. Gracias Malen
    Te eché de menos en Valinhos…..

  5. Un relato precioso…ciertamente decidimos sobre nuestra vida,sobre todo lo que concierne a ella.

  6. Gracias Carmen
    Hay toda una saga del Naufrago…te recomiendo que empieces por el Naufrago I

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