Francisco

El Naúfrago IV. Después de la Noche

In El Náufrago on 11 febrero, 2008 at 20:14

Habían pasado algunos días y continuaba navegando. Los círculos se habían cerrado. Nada temía ya. Mi experiencia en aquel mar sombrío y muerto, me había enseñado que hay que cerrar el pasado para poder vivir el presente. La Vida se bebe, a veces de un trago, a veces sorbito a sorbito.

Tomamos decisiones que nos marcan y el miedo al futuro, a veces, nos impide mirar más adelante. Nos acurrucamos en situaciones que no nos aportan nada, por miedo a dar un portazo y que se nos caiga nuestro mundo. En realidad cuando se llega a ese momento, el mundo que habíamos conocido no existe ya.

Pero intentamos inventarlo, vivir de mentiras porque tenemos miedo a la Verdad.

¡Con lo fácil que es hacer un barquito y salir a navegar!

Hay miles de mares inexplorados. Mil puestas de sol que observar. Cielos infinitos que nos cubren. ¿Por qué tener miedo a la Soledad? Llegamos solos y nos hemos de ir solos. Ese es el destino y la grandeza del Ser.

Navegantes habrá que nos acompañen en algún momento y disfrutaremos de su presencia, nos enseñarán y compartiremos. Pero en otros momentos no hay más remedio que navegar a solas. Sortear las mareas que la Vida nos mande.

No somos marineros de estanque, estamos hechos para surcar Mares Inmensos y para descubrir.

Lo importante es ser feliz, es nuestra misión primordial. Pero sin poner nuestra felicidad en manos de nadie, puesto que nadie tiene la llave de nuestra felicidad y nadie nos ha de completar.

Tú, sólo tú, tienes los medios para lograrlo, por ti mismo, porque somos depositarios de la Chispa Divina, porque somos todos hijos del mismo Padre.

Y El Padre no te quiere triste, no te olvides de ello.

Por arriba una gaviota volaba en círculos alrededor de mi barco. 

De pronto, empezó a llover. Era una lluvia fina. Sentí que me vivificaba y me confortaba. Era como si me limpiase de todos mis miedos y dudas. ¿Pero no había nubes? ¿De dónde viene este agua?

Es la lluvia de la Esperanza

Mi amiga la gaviota había vuelto.

¿Dónde te habías metido? ¿Eras tú la que volaba sobre mi barco? ¿Por qué no me dijiste tu nombre? ¿Por qué…?

Veo que ya no te interesa la lluvia, ¿verdad?– Me interrumpió

Si, claro que me interesa, pero nunca respondes a mis preguntas.

Preguntas lo evidente, a lo mejor es por eso– Contestó

Pero bueno, ¿cómo que lo evidente?. No entiendo nada. Esta gaviota, o lo que sea, me quiere volver loco. Para mí, nada es evidente. Soy hombre, no me entero de la mitad de las cosas. ¿Por qué no me habla claro?…se nota que es chica.

¿Qué te hace pensar que soy hembra? Me preguntó

¡Vaya, se me olvidó que me lee el pensamiento! En realidad yo no entendía nada de gaviotas.

Das muchas cosas por sentadas, ese es uno de tus principales problemas. Los prejuicios te ponen barreras. Te defiendes sin necesidad. Distorsionas la realidad, porque ya la has preconcebido y eso te lleva a juzgar. Cuanto más juzgas menos Amas. Sin Amor no hay viento que hinche tu vela y no puedes navegar. Por eso te quedaste atrapado en el Mar del Olvido. ¿No lo recuerdas?

No lo recordaba así– dije-. Creí que me había quedado allí, porque tenía que a cerrar círculos y aprender lo que es la Vida y…

Impresionante.- Me interrumpió- Llevo volando una eternidad y todavía no se qué es la Vida. Y tú lo has descubierto en una noche.

Me dijo aquello con una sonrisa en el pico.

¿Pero desde cuando se ríen las Gaviotas?

– No amiguito, no has descubierto lo que es la Vida. Te quedaste allí, porque tu vela se desinfló, porque olvidaste lo que era Amar. Porque la yesca de Amor Verdadero que te dio el náufrago de la isla, se había apagado.

No, no puede ser. Pensé aterrorizado

E inmediatamente miré en mi bolsillo….la yesca con amor verdadero, estaba apagada.

Sentí que en aquel momento, ya no me importaba nada y lloré. Lloré como un niño, porque había perdido el Amor Verdadero. Me acordé de mi estancia en la Isla, de las noches de luna y estrellas. Recordé el olor de la Vida y lo que significaba sentir la seguridad y la compañia .

Pero la yesca estaba apagada, y yo no podía cambiar eso.

No tenía ganas de navegar, quería hundirme en ese mar y que me llevara la corriente, adentro, muy profundo. Ya nada tenía importancia.

Ves como no has aprendido lo que es la Vida –Me dijo la Gaviota- Tanto navegar y sigues sin enterarte. Te dije que aquella lluvia era la lluvia de la Esperanza. Brilla el Sol y llueve. Abre los ojos y MIRA.

Cuando por un momento deje de llorar, vi lo que aquella Gaviota me quería enseñar

Al fondo del mar, entre la lluvia y el cielo. Allí, muy alto y distante, llenándolo todo de un paraíso multicolor….se estaba pintando un ARCOIRIS

Francisco Muñoz

Escrito en Jerusalen el  8 de Febrero del 2008

  1. Sigo deseando tener la sabiduría de esa gaviota. Bello texto Fran, aunque ya sé que esa gaviota existía antes de que yo aterrizara en tu mar de palabras. Un abrazo

  2. Gracias Otra Gaviota
    No existía antes que tu aparecieses. No se por qué apareció y aún no se quien es ni lo que quiere.
     
    A lo mejor lo descubrimos juntos¡
     
    Un besito y espero que estes más animada.

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