Francisco

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El Náufrago XI. La Caverna de los esclavos de la Carne

In El Náufrago on 31 enero, 2009 at 19:11

Fuimos bajando poco a poco por aquel universo oscuro, solo alumbrado por la luz que mi Señora irradiaba, las paredes estrechas y húmedas del túnel me producían una sensación de angustia y miedo, pero todo acababa cuando miraba hacia la luz que portaba Ella. Esa Luz lo impregnaba todo y era como una lámpara en medio de la noche que demuestra que el poder de las Tinieblas, no es definitivo, era aquella oscuridad tremenda y fría la que proporcionaba sentido a la Luz. Era como si la Tiniebla formará parte de un plan magnífico en el que la desolación y la tristeza solo sirviera para hacer más grande y poderosa aquella fuerza de Amor que se desprendía del Bien que andaba por delante de mi.

Oímos unos susurros apagados a nuestra izquierda y de pronto me di cuenta que había más cavernas a lo largo de aquel camino. Oí un llanto apagado que me pareció en aquel momento como el de un niño desvalido y huérfano. Mi Señora se volvió hacia mi y me hizo una seña para que la siguiera al interior lúgubre de aquel agujero.

No hicimos más que adentrarnos en aquella oscuridad cuando sentí que cientos de manos diminutas me tocaban, oía pasos minúsculos a mi alrededor…pero era incapaz de ver nada y sentí miedo a lo desconocido. De pronto un cuerpecito pequeño se agarro a mi pierna, temblando de frio y miedo.
En medio de aquella oscuridad, me agaché y sentí que era un niño pequeñito, de unos tres añitos. Desnudito y aterido por el pánico que le producía verse abandonado a su suerte en aquella infecta gruta. Me conmovió en grado sumo y me desconcertó el hecho de sentir a aquel ser inocente en medio de las tinieblas.

No temas, no estas solo. Te sacaré de aquí. No llores más. Le dije mientras le cogía entre mis brazos e intentaba calmarle. Se acurrucó entre mis brazos, tan desamparado se sentía.

De pronto mi Señora hizo su Luz más intensa. Alumbrando hasta el último recoveco de aquella siniestra estancia. Y entonces les vi. Cientos de seres diminutos corrieron hacia ella en busca del calor de su luz. Eran niños…el más mayor debía tener alrededor de ocho años. Ella se agachó para ponerse a su altura y a todos les regaló sonrisas, les acarició el pelo y les besó con una ternura infinita.

Entre mis brazos aquel otro ser reclamó mi atención. Al mirarle a la cara, ahora iluminada por la luz, recibí una impresión terrorífica. Era un niño pequeño, pero el rostro era de un persona anciana, surcada por mil arrugas que no solo la vida le había impreso. Su rostro estaba putrefacto, horadado por heridas infectas y horrosas. Los ojos era lo único que desprendía vida en aquel extraño ser. Sus ojos mostraban una pena infinita como si guardara mil inviernos dentro, como si toda la desolación del Universo hubiera querido habitar en aquellas cuencas enormes y tristes.

No sentí asco en absoluto, entre ese ser y yo había mucho en común…pero yo no lo sabía. Sentí una desolación y una amargura intensa que se apoderó de cada una de las estancias más recónditas de mi alma.

-¿Por Qué? Pregunté a la Dama de Luz.

-¿Qué hacen estas personas aquí, qué fechoría tan terrible han cometido para vivir en las tinieblas, para que su carne sea pasto de los gusanos? ¿Por qué tienen cuerpos de niño y rostros de ancianos corruptos? ¿Por qué nadie se apiada de ellos y les libera?

Mi Señora vino hasta mi y me levantó con dulzura. Aquel ser pequeñito se despidió de mi con una sonrisa y volvió a la oscuridad con los otros seres.

La Luz se fue atenuando poco a poco y pronto se redujo a un leve círculo en el que nos amparábamos ella y yo.

Estos seres, fueron otrora como tú- Me respondió– No hay diferencias. No hay prisión mayor que la de la Carne. Sus grilletes son poderosos y terribles y pudren al ser Superior que habita en vosotros. Estáis hechos de barro y de Luz. Pero el barro tiende a volver a la Tierra, a lo más bajo, allí dónde pastan los gusanos y la oscuridad. Algunos no saben liberarse de estas cadenas y acaban aquí. Este es el Reino de los Esclavos de los Sentidos. Por eso habitan cuerpos de niño pero sus rostros son ancianos.
De todas las faltas que un Espíritu puede tener, quizá esta sea la más leve. Pues todos lleváis barro y arena en el corazón y es con ese magma primordial con el que se forjan los sueños y lo que os posibilita pasar del pensamiento a la acción. Pero esa arena es a la vez vuestra mayor debilidad y lo que tiende a corromper cualquier sentimiento elevado.
Muy pocos consiguen comprender esto y descubrir que todo es caduco y fatuo….como los rostros de estos seres. Esas cadenas son suaves y agradables al principio, pero con el tiempo se hacen pesadas y queman la carne. Liberar la chispa divina que habita en todos vosotros, es la razón del Camino. A cada uno le dan la ayuda que precisa, pues sin ayuda de arriba, por vosotros mismos no lo podríais conseguirlo. Tenéis alguien que os Ama muchísimo, que llora con vuestras desgracias y que ríe con vosotros cuando lográis avanzar por este Camino tan especial y tan difícil.

No temas por ellos. Yo no los olvido.

Con el alma encogida la seguí por la salida de aquella gruta. Pero no podía dejar de pensar en aquel ser que había tenido en brazos, aquel ser que me resultó tan familiar…pero no, aquello que imaginaba, no podía ser ser posible…

Francisco Muñoz
31 Enero 2007

¿Te gusta el Náufrago? Sigue su historia leyendo sus anteriores aventuras:

El Náufrago I. Renacer Tras el desastre

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El Náufrago II. Cerrando Círculos

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El Náufrago III. Una puerta a la Esperanza

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El Náufrago IV. Después de la Noche

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El Náufrago V. El Encuentro

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El Náufrago VI. El Enemigo

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El Náufrago VII. La Insoportable Levedad del Ser

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El Náufrago VIII. La Decisión

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El Náufrago IX. Infinita Misericordia

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El Náufrago X. El Descenso a los infiernos

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Tu nombre

In Mis poémas on 26 enero, 2009 at 23:53

Te nombro entre las ruinas de mi corazón.
Altiva y callada, dueña de todo lo que cae.
Señora del susurro y la prisa vana.
Te nombro y te creo de nuevo,
Solo para mi, para mi ambición perdida,
pues todo arde, cuando sin quererlo
yo te nombro.

Te enseñoreas del ancho vacío,
de las cavernas prietas y estériles,
de las prisiones sombrías y yermas
pues todo empieza, pues todo acaba,
solo cuando te nombro.

Lo sabes bien, tú sabes donde te escondes.
Mar y A ire, Cielo y Tierra, tus dominios
en el brócalo de mi corazón, mantienen
los estandartes orgullosos de espera,
para que lo cubras todo de esperanza amante.

Ay si tu nombre, no tuviera este efecto,
tendría que componerlo, todo de nuevo.
Tendría que esperar a que llegase el invierno
para con blanca nieve volver a crearte
y en recoveco oculto, con silabas amarte.

Tu nombre eterno, lo crea todo.
Crea el Paraíso y crea el Desierto
levanta el mar y calma tempestades.
¿Dónde estás? ¿A dónde fuiste?
Pues solo me dejaste…

el recuerdo de tu nombre.

Francisco Muñoz

En el principio

In Mis poémas on 14 enero, 2009 at 10:07

Fue al principio,
cuando no despuntaba la esperanza sobre el horizonte,
ni las flores lucían túnicas de luz y fuego.
En aquel empezar,
tus labios no eran de carne aún,
ni tus ojos abrasaban.

Tus dulces manos no rozaban el aire,
ni creaban vida tus mágicas pestañas.
No conocía todavía el tibio calor de tu pelo en mi rostro,
pues el Mundo era joven
y yo no me había mirado en el interior de tus huracanes.
Ni te intuía siquiera.

Luchaban cielo y tierra.
Luna y sol se perseguían en el Universo
y había en los páramos yermos, furia y frio,
pero nuestros ojos continuaban vagando eternos
esperando el momento de encontrarse.
No podía imaginar que en algún sitio la vida empezaba,
solo porque tú la nombrabas
pues el tiempo carecía de sentido para mi.

Preso en la jaula de mi carne,
te añoraba sin conocerte.
Te conocía sin sentido.
Te sentía sin añoranza
y me consumía en un fuego helado
que trastocaba la posición
de los astros en mi firmamento
y el mundo pequeño gritaba
lleno de nieve y viento…
pero las cosas tienen que ser de esta extraña manera
ya que es preciso llevar dentro un caos para alumbrar un Universo.

Francisco Muñoz

 

Tu mirada

In Mis poémas on 13 enero, 2009 at 7:44

Si mil mares surcara
sin duda no hallara
lo que veo amor
en tu mirada

Fuego y cielo.
Mar y nieve.
Tormento y gozo.
Tu mirada amor
lo tiene todo

Eres fuego y eres agua
surcas mis venas
y arrasas todo.
Tu mirada amor
de grana y oro

Alumbra mis tinieblas
con tus luceros veraces.
Desgrana el día sol,
que sus ojos de amor
sólo sus ojos,
pueden salvarme

Francisco Muñoz

Cartas desde Tierra Santa

In Cartas desde Tierra Santa on 7 enero, 2009 at 9:16

 

Transcribo aquí el correo que Fray Artemio (Vicecustodio de la Orden Franciscana) me ha escrito desde Jerusalen, explicando la situación en Tierra Santa en estos momentos tan dificiles….

Querido Francisco: ¡El Señor te dé su Paz!

Habíamos comenzado la Navidad con alegría y entusiasmo y todos estábamos llenos de esperanza por la llegada del Niño Dios en la Gruta de Belén y la presencia de tantos peregrinos, y parece que las cosas se están poniendo muy difíciles. La guerra ya declarada en Gaza, nos ha pillado a todos, como se suele decir, con “el pie cambiado”. Se había hablado de todo esto, pero nadie se lo esperaba, o al menos que no llegara a tanto. Esperemos que no tengamos que comenzar de nuevo. Aquí parece que es esta nuestra condición, eso de volver a empezar, y a veces cuesta. Pero, hay que recuperar el entusiasmo, lo cual no será posible sin una fe firme en el Señor, que ha venido a iluminar nuestras vidas, y un amor apasionado a Tierra Santa, la Tierra de Jesús, donde se ha manifestado el Amor de Dios hacia todos los hombres.

No te voy a contar lo que dicen los medios de comunicación. En Jerusalén todo está tranquilo. Y lo mismo en Belén, y hablo con conocimiento de causa porque, desde que iniciaron las hostilidades, he estado allí varias veces: el día 28 para la fiesta de los Santos Inocentes, y el 5 y el 6 para la Solemnidad de la Epifanía. El 5 tuvo lugar el ingreso solemne del Padre Custodio; fue un ingreso más bien triste, sin lo "scouts", la música y toda la alegría de la fiesta. Éramos pocos (se veía algún grupo de peregrinos), y lo mismo sucedió el día de la fiesta de los Reyes Magos, aunque la participación de los fieles locales era extraordinaria: la iglesia de Santa Catalina y la procesión por la tarde, cuando llevamos al Niño Jesús ya grande – es una estatua bellísima -, sentado en su trono de gloria, fue una verdadera manifestación de piedad y de amor. A pesar de esta situación un poco triste, hay que mirar más allá y a entrar más profundamente en el misterio de la Encarnación. Si el espíritu de la Navidad nos lleva a celebrar el don de la Vida, hoy, en estos momentos de tensión, la situación nos induce a experimentar la humildad y la debilidad de Dios que se encarna. Aún así, este Niño, que ha nacido aquí, es el Príncipe de la Paz.

Nosotros, sobre todo, hemos rezado y seguimos rezando por la paz en Tierra Santa y, en especial, en Gaza. ¡Qué difícil es! Nunca habrá paz sin la justicia, sin el respeto al otro, sin la salvaguardia de los derechos humanos, sin la aceptación de los demás como personas igual que yo. “¡Desead la paz a Jerusalén!”, dice el Salmo. El peregrino desea a Jerusalén la paz y el bien: “te deseo todo bien”. Es necesario que los hombres lleguen de una vez a convencerse que es posible convivir juntos, pero para ello hay que respetar al otro, tratarlo como un ser humano, como una persona, como un hijo de Dios, como un hermano. El odio no puede ser nunca la solución y las muertes de los hermanos claman al cielo, como la muerte de Abel. ¡Hay que rezar mucho por la paz en Tierra Santa!

Como ves, las fiestas navideñas, que habían comenzado muy alegres, han terminado rodeadas de tristeza. Así han comenzado los griegos, coptos, sirios, etc., es decir, de todos los ortodoxos, excepto los armenios, que el 6 comienzan sus fiestas navideñas. Con todo, durante las Navidades, Jerusalén y toda Tierra Santa estaba llena de peregrinos, pues Gaza, aunque parezca increíble, está muy lejos. No sabemos qué sucederá en los días venideros. Como te digo, todo está tranquilo, pero puede suceder, si la guerra continúa, que los peregrinos tarden en venir. Esperemos que la situación bélica termine pronto y todos puedan volver a beber en las fuentes de la fe cristiana y a disfrutar de la paz y de la tranquilidad que tanto anhelamos.

Las Navidades habían comenzado muy bien, como te decía. Las celebraciones del 24 en Belén, aunque hacía mucho frío, fueron muy bonitas y llenas de entusiasmo y de calor humano. En la Noche Buena tuve una conversación muy fraterna – fue para mí una experiencia que me llenó de felicidad – con el ministro de Asuntos Religiosos de los Emiratos Árabes, que cenó conmigo en Casa Nova, la noche del 24. Como sabes, esa Noche Santa invitamos a comer en Belén a todos los ministros de la Autoridad Palestina, encabezados por el presidente, Abou Mazzem. Éramos 230 comensales, entre frailes y las otras personas. El 27 tuvimos las visitas de todas las autoridades religiosas que han venido a felicitarnos las fiestas navideñas y ese mismo día, por la tarde, un hermano nuestro recibió la Ordenación de diácono. El 28, como te dije, presidí las celebraciones en Belén conmemorando a los Niños Inocentes (solemos llevar siempre a los hermanos mayores de la enfermería que pueden viajar; ya sabes "los extremos se tocan, y los niños se juntan con los viejos), en el contexto también de la Sagrada Familia. El 31 y el 6 hemos jugado a la tómbola (este año parece que iba de crisis, y había pocos premios) y no me ha tocado nada. Me contentaré con el dicho: "desafortunado en el juego…". Los peregrinos nos han traído mucho turrón de España, así que la vida se ha endulzado un poco, a pesar de la tristeza de la guerra. ¿Qué más? Estuve en Nazaret el primero del año para la inauguración del nuevo sendero para los visitantes peregrinos de la Basílica. He tenido encuentros con varios grupos de peregrinos y, como te decía, los medios de comunicación me han tenido muy ocupado. Ahora comenzamos de nuevo el curso, los exámenes están ya para caer e iremos a felicitar a los orientales augurándoles "la paz y el bien" en sus fiestas navideñas.

Tú, ¿cómo estás? Espero que el año nuevo que hemos comenzado te haya traído el amor, la paz y la felicidad, y sin olvidar la salud, que es un bien muy precioso, y el trabajo, que, parece ser, es el bien más deseado. Ya me contarás. Saludos de parte de Ovidio. ¡No te olvides de nosotros!

Un fuerte abrazo. Artemio

Paqui cuenta su experiencia en el bosque de Valinhos

In Valinhos on 6 enero, 2009 at 1:31

Dicen que las cosas no pasan porque sí, que pasan por alguna razón y algo de verdad debe de haber en ello. Hace un año y medio sufrí una caída y estuve dos meses y medios de reposo. Como tenia mucho tiempo libre me metí en el mundo del ordenador. Gracias a ello te conocí a ti, don Francisco. Hablamos y me comentaste de tus viajes a Fátima y despertaste en mi el deseo y la necesidad de volver a ir. Digo volver por que yo ya había estado con mi madre hace años.
Y el día de la Inmaculada nos fuimos a ver a la Virgen. Para mí iba a ser un viaje que me traería muchos recuerdos pues mi madre ha fallecido y sé que me recordaría a ella. También porque estaría con un grupo de personas que no conocía, solamente te conocía a ti, y no sabía como podía encajar con ellos.
Cuando llegamos a Fátima era de noche y nada más ver la explanada se me pusieron los pelos de punta.
Ojalá supiera expresar que sentí, pero no sé; era una sensación de paz, tranquilidad. La noche, la llovizna, el silencio,el rezo, la fe,….Y las lágrimas pudieron conmigo. No eran lágrimas de tristeza, eran de felicidad, de paz. Sentía que mi madre me estaba acompañando y rece el rosario con y por ella. La Virgen era la culpable de mi felicidad interior. En estas ocasiones son en las que me gustaría poder tener el don de la palabra y poder plasmar en el papel lo que el corazón te está dictando.
Una de las cosas que me llamaba la curiosidad es la visita al bosque de Valinhos. Me resultó curioso desde el primer momento que leí el comentario en tu blog,era de una persona que había estado en el. Y por fin yo iba a estar también en el bosque. Sería capaz de sentir todas esas cosas maravillosas que los demás explicaban?…Pues sí. Cuando llegamos al bosque, siempre con la lluvia como compañera, el silencio, el decirnos tú que pidiéramos permiso para entrar,….todo hacia que el momento fuera inolvidable, la carne de gallina no desaparecía de mi piel y era una sensación agradable, de paz, de reflexión,…Encendimos nuestras velas, rezamos, caminamos en silencio, y llegamos a nuestro árbol donde al abrazárme me rompí y volvieron las lágrimas. Esta vez un poco de tristeza pues me sentía un poco vacía y vinieron muchos recuerdos a mi mente. Pero poco a poco, mirando al cielo, no estrellado, pero con una luz maravillosa, di gracias a Dios por haberme permitido estar allí y por haber podido conocer a la persona que lo había hecho posible. Momentos de sensaciones que no se pueden describir, tú relatando las historias que me dejan maravillada, la oración que nacía dentro de mí sin esfuerzo ninguno,…Mágico?…Quizás no es la palabra mejor para definirlo porque era un momento real, pero sí en cuanto a lo maravilloso, extraordinario, ….que fue. De vuelta en el hotel no podía dormir, no me hubiera importado permanecer más tiempo en el bosque. ¡ERA TANTA LA PAZ QUE SE RESPIRABA …!.
El día de la Inmaculada, en la celebración de la Eucaristía,…era emocionante ver las miles de personas que estaban reunidas en torno a la Virgen Santísima de Fátima. Teníamos justo enfrente la imagen de la Virgen y cuando la miraba a la cara lo único que podía era darles gracias por haber creído y darnos a su hijo; también le di gracias por haber permitido que conociera a Maria Jesús, Marian, Manolo, Francisco, sin la compañía de los cuales estoy segura que la Visita a la Virgen no hubiera sido lo mismo.
Aunque durante mi relato no los he mencionado, en todo momento han estado ahí, gracias por haberme aceptado y haberme permitido vivir junto a vosotros esta experiencia que nunca podré olvidar.
No se si habré sabido transmitir lo que sentí y viví pero lo que me queda por decir es que repetiría otra vez y GRACIAS.

 

Gracias a ti Paqui, por ser como eres y por hacer de ese viaje un encuentro inolvidable

Amar

In Mis poémas on 2 enero, 2009 at 23:06

 

Amar es sentir que vivir es vano si no estás.
Es saber que eres diferente y magnífica,
aunque tu camino no sea siempre el mío.
Es respetar tus silencios y guardar tus distancias.
Es consolarte cuando lloras y reír contigo.

El amor me obliga a querer ser mejor
a darlo todo, a compartir mis dudas.
A entregarme sin reservas, olvidando toda medida.
Me obliga sin violencia a darme entero.
Pues nada ya tengo, pues todo lo entrego.

Es el amor el que me quita las vendas,
el que me enseña que no somos tan distintos.
No me juzga cuando no quiero,
pues me espera siempre paciente,
emboscado en tu mirada,
enterrado entre tus dedos.
Oculto entre tierra y cielo

Tú eres Amor, eres Vida.
Eres el agua que me inunda y lava
que cura mis penas y restaña mis heridas
Y me haces renacer cada mañana
Cuando sale el sol y me miras.

Francisco Muñoz