Francisco

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Galilea. El Mar de los Pescadores de Almas

In Crónicas del Peregrino en Tierra Santa on 13 noviembre, 2009 at 21:07

"Aquí tuvo que ser muy feliz" oí que alguien decía detrás de mi.

Al volverme descubrí un hombre acompañado de un niñito pequeño. ¿Cómo sabia que estaba pensando exactamente eso? ¿Cómo habían aparecido a mis espaldas atravesando la ruidosa playa de guijarros sin apercibirme de su llegada? 

Me hallo en la Galilea profunda. Al borde del Mar de los Pescadores de Almas. El mar de Tiberiades o Kennereth, que significa arpa, por la forma que este gran lago, que no mar, tiene. Esto es un vergel de paz y vegetación. Una exuberante explosión de luz y color que nada tiene que ver con la desolada y acre Judea. Esta es la patria del Cristo y de sus amigos. Aquí empezó su ministerio y convirtió a unos simples pescadores, en pescadores de almas. Aquí comió mil veces el pescado asado junto a la orilla, sintiendo en su piel la fresca brisa que viene del oeste, del mediterráneo.

Esto es exactamente lo que pensaba mientras introducía mis manos en el agua, dejando que los peces, curiosos, me las acariciaran. ¿Cómo sabia este hombre que yo pensaba esto?

Charlamos unos minutos mientras el pequeño de los bucles rubios lanzaba piedras al agua, haciéndolas rebotar varias veces contra la superficie del lago.

Mire hacia el este, hacia Cafarnaum, a escasos mil metros…el pueblo de los rudos pescadores galileos. El sol se empezó a poner y el maravilloso color azul del agua, se torno verde oscuro. Todo alcanzo una tonalidad rojiza…e inmediatamente un millón de pequeñas guirnaldas adornaron el firmamento. Al volverme ellos ya no estaban…tampoco les había oído marcharse.

Si en Jerusalén encontramos el mensaje de la Pasión, el dolor inferido por los mismos seres que vino a salvar, aquí solo hay alegría, amistad, caminatas bajo el ardiente sol y noches llenas de estrellas y luna. También hay toma de conciencia de la Mision y la intuición del Dolor insoportable.

Aunque Jerusalén es también la alegría infinita ante el triunfo sobre la Hermana no amada, la verdad es que prefiero imaginármelo feliz sobre su barca.

Este mar tiene otra faceta mas oscura y terrible.Cuando se enfrentan los vientos del norte y del este con el aire cálido que viene de Judea, se forman espantosas tormentas…es el momento de decir "no tengo miedo, puedo caminar sobre estas aguas si tengo FE".

La vida es un poco así. Alternamos momentos de dicha, con tormentas amenazantes, perdemos el rumbo y ni siquiera nos pueden guiar las estrellas. Es el momento de la confianza extrema, de oír las campanas de los que como tu, también navegan estas procelosas aguas.

Después de la mas terrible de las tormentas, el Hermano Sol siempre luce mas fuerte y el cielo es mas límpido. Ten Fe, pon tu barca al pairo y encuentra una playa en la que puedas fondear.

Venid conmigo amigos, disfrutemos juntos de este maravilloso pescado asado, a la luz de la noche estrellada. No estaréis nunca mas solos…

Francisco Muñoz