Francisco

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Judea. El desierto del Precursor del Cristo.

In Crónicas del Peregrino en Tierra Santa on 10 enero, 2010 at 22:19

Judea….que palabra tan mágica.

No existe mayor desolación que ésta. El punto más bajo del planeta y un mar que no alberga ninguna vida en su interior…el Mar Muerto. Imposible ahogarse en él, las sales del terreno disueltas en el agua en tan gran cantidad, han hecho que este sea un mar espeso que expulsa hacia la superficie cualquier objeto que se introduzca en él. La más pequeña de las heridas arde, en contacto con esta disolución salina.

Sin embargo, a pocos metros de este paisaje lunar surge la vida. El oasis de En Gedi un vergel con datileras que producen miel. Si no lo habéis probado nunca, corred al Corte Inglés, a la sección de gourmets y pedid que os den Dátiles de Salomón. Son los mismos dátiles de estas palmeras preñadas en abundancia, sus retoños se exportan por todo el orbe para la delicia de nuestros sentidos.

Estas viejas montañas, son iguales a las que siempre nos hemos imaginado los que seguimos al Cristo, yermas, altas, inhóspitas, pero a la vez orgullosas. Conocedoras del papel que la historia les ha deparado. Entre estas mismas montañas, El se retiró a orar, a poner en claro cuándo y cómo debía dar el mensaje de Amor. Aquí estuvo 40 días y sus noches, en ayuno. Aquí fue tentado para que lo dejara todo.

Esta es la metáfora del Camino de la Vida, el Camino que andamos todos, en el que tú y yo caminante, nos encontramos. A veces acompañados, la mayor parte del tiempo solos. Así es la vida, tentados por las ilusiones del mundo, a veces sintiéndonos cómplices del Infinito…

En lo alto de una de estas montañas solemnes, se alzan las ruinas del monasterio esenio de Qumram. Hoy famosas porque aquí se descubrieron los rollos del Mar Muerto. La comunidad de monjes que aquí habitaban eran guerreros de la luz. Juan el Precursor, se relacionó con ellos, su mensaje fue el mismo. Los esenios protegieron y velaron la indefensión del Amor y probablemente custodiaron el mensaje.

Un viejo judío me dijo en estas ruinas que Jesús fue esenio….Quien dice esto, no entiende la figura del Cristo. El Cristo no pertenece a ninguna bandera, ni a ningún grupo humano, no es una religión ni el estandarte que alzar para barrer al contrario. El Cristo no era esenio, pero probablemente los esenios si fueran Crísticos. El Cristo es el mensaje del AMOR…incluso al Enemigo. Sin Tinieblas no hay Luz, solo con el contraste se advierten los colores.

Me he visto en estas montañas, cubierto con hierro y sudor, alzando una espada…y no me ha gustado. No creo ya en la transmigración, no se que significan estos recuerdos.

Una vez me dijiste que en otra Edad, tú habías caído en combate en Acre, que tu cuerpo reposaba en el ataúd que se les da a los guerreros, un simple barril, junto a las murallas, cubierto por tu túnica y tu cruz. Igual que reposan ahora tus restos en Madrid, con la cruz y la túnica blanca de caballero.

Ande en las ruinas de Acre, rodeando las murallas derrotadas y deposité una flor al pie de ellas, en tu memoria. Recordé las palabras de despedida que musité en tu oído, cuando yacías en tu losa frío y exangüe. Cuando la Hermana no amada te había envuelto ya con su fraternal abrazo de olvido

Te echo de menos Papá, que la Providencia quiera que volvamos algún día a cabalgar juntos…que la Providencia me ayude a encontrar a mis Hermanos. Se que esta separación es temporal, pero lo temporal a veces se nos hace eterno.

Non nobis domine, sed nomini tuo da gloriam

Francisco Muñoz