Francisco

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El Camino del Cruzado Espiritual. Jerusalén. La Gruta del Pater Noster

In Crónicas del Peregrino en Tierra Santa on 17 febrero, 2010 at 20:22

Si cogéis el camino que baja en Jerusalén desde la puerta de los Leones hacia Getsemaní, hallareis una empinada cuesta que dirige directamente a la mezquita de la Ascensión. Hoy Mezquita porque fue convertida en ello por los árabes, antaño era una construcción octogonal bizantina. El octógono a parte de otras implicaciones mas profundas, era la figura geométrica elegida por los primitivos cristianos para marcar sitios en los que se hubieran producido Teofanías. Sitios en los que la Divinidad hubiera dejado impresa su particular marca. El Sepulcro en tiempos de los emperadores de Bizancio, tenía esta disposición octogonal. Tuvo que ser muy hermoso, rodeado por jardines y con la iglesia octogonal abierta para imaginar al Cristo subiendo a los Cielos. Para los que hayáis leído “Caballo de Troya” es este el sitio desde donde parte la crono nave para viajar atrás en el tiempo, al momento de la Pasión.

Mucha más importancia tiene para mi, un lugar pequeñito un poco más abajo en el mismo camino, es la Gruta del Pater Noster. En este sitio subterráneo y sombrío el Dios Vivo enseñó a sus hijos la forma en la que se tenían que comunicar con El.

Ya no necesitamos Arca de la Alianza, no necesitamos sacrificar animales para conversar con El. El nos ha dicho que es un Padre cercano y amante, que precisa nada más que de la voluntad del Hombre para hablar directamente con nosotros.

“¿Rabbi, si queremos hablar con el Padre como tenemos que hacer?”. Le preguntaron sus amigos y El contestó “Decid simplemente así: Padre Nuestro que estas en los cielos…”

No se puede crear más amor con tan pocas palabras. Es lo mismo que cualquiera de nosotros diría a su padre terrenal. Es esta la relación que el Cristo nos inaugura, una relación directamente al Cielo.

Mucha importancia le doy a la Oración. La Oración, creedme, funciona. Cuando todo se oscurece alrededor y parece que no encontramos la salida, la oración marca el rumbo, centra nuestros pensamientos y nos ayuda a discernir con más evidencia, además de embargarnos de Paz. La oración es un mantra mágico que dicho consciente y consecuentemente, abre las puertas a una relación directa con los planos más elevados. Hay espíritus desencarnados que están deseando ayudarnos…solo hay que pedírselo.

Para mi hay muchas oraciones, cualquiera valida, pero tengo especial afecto por el rezo del Rosario. Es una oración larga y que cuesta aprender a rezar como es debido, pero que cuando se pone en práctica con cotidianeidad, permite clarificar nuestro discernimiento y comprender los Misterios de la Revelación. Cada cuenta es una petición. Con el Rosario abro un paraguas de protección para mis seres queridos…y también para los que no me quieren, porque ellos también lo necesitan. 

Se pide lo que necesitamos y lo que nos merecemos, evidentemente si no hay un cambio interior nada se recibe. Por experiencia os digo, que cuando me aparto del camino, lo primero que hago es dejar de rezar. Al Enemigo no le gusta que hablemos con el Padre. Cuando hablo con el Padre noto que mi luz se enciende, cuando no rezo me voy apagando y me sumo en las tinieblas.

“Si vosotros, hombre malos, cuando vuestros hijos os piden de comer, no les dais piedras, sino pan. Cuanto más el Padre Celestial, que os ama tal como sois, sin pedir nada a cambio”

Llenad vuestra vida de magia, empezad a rezar y empezareis a VER.

Pedid y se os dará. Llamad y se os abrirá. No hay misterio que no sea revelado. A Dios no se le conoce a través de la inteligencia, sino por el corazón.

¿Y quién de vosotros no tiene corazón?

Francisco Muñoz

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Episodios de Cristofobia

In Juan Manuel de Prada on 15 febrero, 2010 at 13:37

JUAN MANUEL DE PRADA

Diario ABC Lunes , 15-02-10

EL Cristo de Monteagudo que la cristofobia pretende ahora derruir fue erigido, en honor al Sagrado Corazón de Jesús, durante el reinado de Alfonso XIII. El diario La Verdad de Murcia, en un clarificador artículo de Pedro Soler, detalla las vicisitudes que precedieron a la inauguración del monumento: el proyecto, impulsado en 1921 por una comisión de próceres locales, fue financiado por suscripción popular y encomendado al escultor José Planes, entre el alborozo de los murcianos, que organizaron diversos actos religiosos, recordando la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, mientras el periódico de la ciudad publicaba relaciones de las donaciones populares recibidas, que permitían entrever que «lo que parecía cosa irrealizable y que muchos calificaban de utópica, por las dificultades surgidas, en breve espacio de tiempo va a tener feliz realización». Tales dificultades motivarían que Planes se apartase del proyecto; y a la postre la imagen del Sagrado Corazón que se erigió en Monteagudo fue obra del joven escultor murciano Antonio Nicolás. La inauguración del monumento se celebró el 31 de octubre de 1926; acontecimiento que, según nos narra Pedro Soler, se desarrolló entre romerías y numerosas manifestaciones de fe popular.

Aquel Cristo de Monteagudo -como el del Cerro de los Ángeles- sería destruido diez años más tarde, en plena vorágine cristofóbica desatada por la Guerra Civil. Algunos años más tarde, en 1951 exactamente, otro monumento fue levantado sobre las ruinas del antiguo; y ahora, como ocurriera en 1936, otra vorágine cristofóbica trata de derribarlo, aduciendo que se trata de «una reliquia del totalitarismo católico impuesto por Franco». El odium fidei se disfraza con ropajes diversos, aclimatándose a la época en que trata de imponerse; en esta fase «democrática» de la historia, el odium fidei, que en épocas perfumadas por el aroma de la sangre no necesitaba para imponerse sino la expansión de los más sórdidos instintos criminales, se emperifolla con la coartada legalista, amparándose además en la ignorancia histórica que corrompe a un pueblo reducido a la esclavitud. El Cristo de Monteagudo no es ninguna «reliquia del totalitarismo católico impuesto por Franco», sino expresión de una fe popular que fue perseguida y abatida por el plomo durante la Guerra Civil; y este episodio cristofóbico que trata de volver a destruirlo, como ocurriera en 1936, no es sino otra expresión -más meliflua, si se quiere- del mismo odio de antaño.

Otro episodio cristofóbico más abyecto aún se está desarrollando en estos días, al cobijo de la llamada ley de Memoria Histórica, en el monasterio de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que los cristófobos de hogaño pretenden convertir en una suerte de museo de los horrores del franquismo. Pero para ello hace falta primeramente negar el sentido religioso de aquel monumento, que la cruz de piedra más alta de Europa pregona a los cuatro puntos cardinales; un sentido que la presencia de monjes benedictinos en el lugar hace patente. La coartada legalista ha prohibido ya el acceso al recinto; pero su objetivo más inmediato es expulsar a los monjes benedictinos del monasterio. Tal expulsión, que podría consumarse en las próximas semanas, permitirá invertir la verdadera naturaleza del Valle de los Caídos: un monasterio benedictino encomendado, bajo la advocación de la Cruz, a la oración por los muertos caídos en una guerra fratricida se convierte así en un monumento al odio; o sea, la «abominación de la desolación» de la que nos hablaba el profeta Daniel. Y es que en el episodio del Cristo de Monteagudo, como en la expulsión de los monjes del Valle de los Caídos, disfrazado de coartadas legalistas, hallamos el mismo odio de antaño, la misma cristofobia que derribaba estatuas del Sagrado Corazón y vaciaba de monjes los monasterios.

http://www.juanmanueldeprada.com