Francisco

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El Náufrago XI. La Caverna de los esclavos de la Carne

In El Náufrago on 31 enero, 2009 at 19:11

Fuimos bajando poco a poco por aquel universo oscuro, solo alumbrado por la luz que mi Señora irradiaba, las paredes estrechas y húmedas del túnel me producían una sensación de angustia y miedo, pero todo acababa cuando miraba hacia la luz que portaba Ella. Esa Luz lo impregnaba todo y era como una lámpara en medio de la noche que demuestra que el poder de las Tinieblas, no es definitivo, era aquella oscuridad tremenda y fría la que proporcionaba sentido a la Luz. Era como si la Tiniebla formará parte de un plan magnífico en el que la desolación y la tristeza solo sirviera para hacer más grande y poderosa aquella fuerza de Amor que se desprendía del Bien que andaba por delante de mi.

Oímos unos susurros apagados a nuestra izquierda y de pronto me di cuenta que había más cavernas a lo largo de aquel camino. Oí un llanto apagado que me pareció en aquel momento como el de un niño desvalido y huérfano. Mi Señora se volvió hacia mi y me hizo una seña para que la siguiera al interior lúgubre de aquel agujero.

No hicimos más que adentrarnos en aquella oscuridad cuando sentí que cientos de manos diminutas me tocaban, oía pasos minúsculos a mi alrededor…pero era incapaz de ver nada y sentí miedo a lo desconocido. De pronto un cuerpecito pequeño se agarro a mi pierna, temblando de frio y miedo.
En medio de aquella oscuridad, me agaché y sentí que era un niño pequeñito, de unos tres añitos. Desnudito y aterido por el pánico que le producía verse abandonado a su suerte en aquella infecta gruta. Me conmovió en grado sumo y me desconcertó el hecho de sentir a aquel ser inocente en medio de las tinieblas.

No temas, no estas solo. Te sacaré de aquí. No llores más. Le dije mientras le cogía entre mis brazos e intentaba calmarle. Se acurrucó entre mis brazos, tan desamparado se sentía.

De pronto mi Señora hizo su Luz más intensa. Alumbrando hasta el último recoveco de aquella siniestra estancia. Y entonces les vi. Cientos de seres diminutos corrieron hacia ella en busca del calor de su luz. Eran niños…el más mayor debía tener alrededor de ocho años. Ella se agachó para ponerse a su altura y a todos les regaló sonrisas, les acarició el pelo y les besó con una ternura infinita.

Entre mis brazos aquel otro ser reclamó mi atención. Al mirarle a la cara, ahora iluminada por la luz, recibí una impresión terrorífica. Era un niño pequeño, pero el rostro era de un persona anciana, surcada por mil arrugas que no solo la vida le había impreso. Su rostro estaba putrefacto, horadado por heridas infectas y horrosas. Los ojos era lo único que desprendía vida en aquel extraño ser. Sus ojos mostraban una pena infinita como si guardara mil inviernos dentro, como si toda la desolación del Universo hubiera querido habitar en aquellas cuencas enormes y tristes.

No sentí asco en absoluto, entre ese ser y yo había mucho en común…pero yo no lo sabía. Sentí una desolación y una amargura intensa que se apoderó de cada una de las estancias más recónditas de mi alma.

-¿Por Qué? Pregunté a la Dama de Luz.

-¿Qué hacen estas personas aquí, qué fechoría tan terrible han cometido para vivir en las tinieblas, para que su carne sea pasto de los gusanos? ¿Por qué tienen cuerpos de niño y rostros de ancianos corruptos? ¿Por qué nadie se apiada de ellos y les libera?

Mi Señora vino hasta mi y me levantó con dulzura. Aquel ser pequeñito se despidió de mi con una sonrisa y volvió a la oscuridad con los otros seres.

La Luz se fue atenuando poco a poco y pronto se redujo a un leve círculo en el que nos amparábamos ella y yo.

Estos seres, fueron otrora como tú- Me respondió– No hay diferencias. No hay prisión mayor que la de la Carne. Sus grilletes son poderosos y terribles y pudren al ser Superior que habita en vosotros. Estáis hechos de barro y de Luz. Pero el barro tiende a volver a la Tierra, a lo más bajo, allí dónde pastan los gusanos y la oscuridad. Algunos no saben liberarse de estas cadenas y acaban aquí. Este es el Reino de los Esclavos de los Sentidos. Por eso habitan cuerpos de niño pero sus rostros son ancianos.
De todas las faltas que un Espíritu puede tener, quizá esta sea la más leve. Pues todos lleváis barro y arena en el corazón y es con ese magma primordial con el que se forjan los sueños y lo que os posibilita pasar del pensamiento a la acción. Pero esa arena es a la vez vuestra mayor debilidad y lo que tiende a corromper cualquier sentimiento elevado.
Muy pocos consiguen comprender esto y descubrir que todo es caduco y fatuo….como los rostros de estos seres. Esas cadenas son suaves y agradables al principio, pero con el tiempo se hacen pesadas y queman la carne. Liberar la chispa divina que habita en todos vosotros, es la razón del Camino. A cada uno le dan la ayuda que precisa, pues sin ayuda de arriba, por vosotros mismos no lo podríais conseguirlo. Tenéis alguien que os Ama muchísimo, que llora con vuestras desgracias y que ríe con vosotros cuando lográis avanzar por este Camino tan especial y tan difícil.

No temas por ellos. Yo no los olvido.

Con el alma encogida la seguí por la salida de aquella gruta. Pero no podía dejar de pensar en aquel ser que había tenido en brazos, aquel ser que me resultó tan familiar…pero no, aquello que imaginaba, no podía ser ser posible…

Francisco Muñoz
31 Enero 2007

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El Náufrago I. Renacer Tras el desastre

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El Náufrago III. Una puerta a la Esperanza

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El Náufrago X. El Descenso a los infiernos

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El Náufrago X. El Descenso a los Infiernos

In El Náufrago on 12 noviembre, 2008 at 12:08

Caía rápidamente, adentrándome en lo más profundo de una oscuridad que por momentos se me hacía eterna. Poco a poco empecé a perder el sentido del espacio y del tiempo. A mi alrededor había un vacío absoluto que me helaba por completo, matando en mi, cualquier recuerdo de un calor anterior. No había nada ni nadie. Estaba solo, solo por completo. Incluso perdí la noción de mi ser pues tal era la negrura que no alcanzaba a divisar mi propio cuerpo….si es que acaso tenía ya alguno.

De pronto tuve la certeza de que ya no me movía, pero no había suelo a mis pies. Tampoco había nada por encima. No sentía correr el agua a mi alrededor. No percibía nada. El mundo de los sentidos había desaparecido por completo para mi. Noté una soledad enorme que amenazaba con devorárme y un frío intenso me llenó, pero sin embargo sabía que no lo sentía en mis huesos….aquello era un sentir sin sentidos. Veía la oscuridad, circundaba las tinieblas…pero sin los ojos de la carne.

Y tuve miedo…

"El Señor es Mi Pastor, con Mano Dulce me Guía. En verdes prados me hace reposar y beber en fuentes cristalinas. Con El nada me falta. Con El, a nada he de temer". Empecé a rezar para espantar mi terror. Otras veces, rodeado por el Enemigo, esta plegaria me había fortalecido y animado. Dios Mío….quería llorar, pero no había lágrimas. Jamás hice daño a nadie, ¿por qué estaba allí?.

Y de repente me vi en el pasado. Volví a vivir aquellos momentos en los que no hice mal…pero tampoco hice el Bien. Vi los resultados de mi inacción. Mucha gente, que ni siquiera conocía, había sufrido las consecuencias. Había convertido en un infierno la vida de muchos…y yo no lo sabía. Tenía que haber alumbrado a los que me esperaban, pero me había entretenido en asuntos que me parecieron más importantes. Había faltado a mi obligación y no había repartido el Amor Verdadero que me había sido entregado.
Sentí sobre mi todo el Dolor Causado y la infinita responsabilidad, que sin conocerlo, tenía en aquel Mal. Me vi como era en realidad y no como me hubiera gustado verme. No me reconocía. ¡Que pequeño miserable había sido!. Todas mis miserias me quedaron al descubierto. Quería desaparecer, tanta era la vergüenza que sentí en aquel angustioso e infinito momento.

Nadie te juzga. Oí una voz dulcísima y maravillosa que me reconfortó y consoló de una manera extraordinaria. Es el Amor quien te implora, por lo no entregado, por las ocasiones perdidas…porque tú eres amor y del Amor tenías que haber dado testimonio. Tú mismo pones la balanza, pues sin la venda, eres tu juez más implacable.
Y sin embargo, pese a tu falta de Amor fuiste Luz para muchos otros. Mira…

Y me vi ayudando, confortando a los caídos, siendo solidario con los que sufrían. Alumbrando a los que estaban en las Tinieblas. También había hecho esto, aunque menos veces de las que me hubiera gustado. Pero lo más maravilloso fue ver como el Amor tenía un poder de propagación infinitamente superior al del Mal. Todas esas pequeñas cosas que había entregado, se habían convertido en millones. Era una cadena de favores infinita. Aquel a quien ayudé, había seguido ayudando a más personas y estas a muchas mas….y me di cuenta de que yo era el responsable de toda aquella pirámide de Misericordia y a la vez formaba parte de un millón de pirámides más. El Amor relumbraba en cada cúspide y caía en cascadas cubriéndolo todo. Aquel Amor me calentaba y fortificaba. Ese Amor infinito que surgía de lo más alto…yo era una creación de El, siempre había estado en mi, llamándome para que volviera, sin intervenir en mi poder de decisión. ¡Oh Dios Mío! Padre Amable y Cariñoso, ¿como puedes amarme después de todo? ¿Señor por qué te fallé tanto? ¿Por qué me llamas por mi nombre y me abrazas?

Y lloré de Alegría Redentora…y ahora si sentía el calor de mis lágrimas. Me sentía Luz y Amor.

Padre ya he vuelto, estoy de nuevo en Casa, Contigo, !Gracias¡. Grité arrasado en sollozos.

Y oí una dulce risa a mis espaldas.

Todavía no pequeñito, tenemos que dar un paseo. Acompáñame. Dijo aquel Ser al cual no podía ver.

Y en aquel oscuro pozo se hizo la Luz….una luz al fondo y sentí que todos mis Amados estaban a mi alrededor y me besaban y sonreían. Habían venido a buscarme.

Junto a mi, había una Mujer vestida en Luz, que me tomó con su cálida mano y me llevó al final del túnel…

Francisco Muñoz

Escrito en el Hogar de la Salamanquesa (Madrid) el 11 de Noviembre de 2008

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El Naufrago IX. Infinita Misericordia

In El Náufrago on 24 septiembre, 2008 at 14:11

 

Todo es azul, profundamente azulado. Hay Azul índigo arriba en la bóveda celeste. Hay azul verde que perfila las olas blancas que mecen mi barquito y yo me siento Azul. No cargo ya ningún peso y mi única misión es disfrutar de este fantástico día radiante que la Providencia me regala. Siento el sol amándome con su calor mientras broncea mi piel. Y en mis labios el sabor salado que lo impregna todo. El Mar me sonríe y me cubre con su excelsa magnitud de una paz olorosa y densa.

Y a mi alrededor todo bulle de Vida.

Hay vida debajo de mi. Millones de seres que desconozco, surcan estas profundidades ignotas; estos abismos inmensos que se abren ante la quilla de mi barca. Y de vez en cuando se hacen presentes, para que sepa que todo esto no está puesto solamente para el delirio de mis sentidos.

Hay también vida en el Cielo. Miles de aves lo circundan y se funden con las nubes marmóreas que adornan esta maravillosa escena que me rodea.Pero entre ellas no veo a mi amiga la Gaviota. No ha vuelto a aparecer. Me dio el impulso necesario para cerrar los círculos, para armarme del valor necesario de no necesitar una razón para vivir y continuar navegando.Para que me diera cuenta de que la vida ya es suficiente motivo en sí mismo para querer disfrutarla siempre. Me abofeteó para que reaccionase, para que de una vez despertase del sueño horrible en el que por mi propia decisión, había querido caer cautivo.

Ese desamor que me atenazaba, que no me dejaba respirar, que me impedía disfrutar de este Navegar…ya había desaparecido. Enterré el recuerdo de mi princesa en la mazmorra más profunda de mi corazón. No podría olvidarla jamás. ¿Cómo olvidar a alguien a quien se ha amado alguna vez? Todas esas personas, han conformado nuestro SER. Hemos sido camino y nos han caminado. Con nuestros pies desnudos hemos desbrozado todas sus veredas. También hemos sido camino para ellas. Hemos dejado nuestra huella y no hay que renunciar a eso…no hay nunca jamás porque renunciar a nada, siempre que nos haga avanzar como personas.

Esos amados siempre estarán con nosotros. En nuestros corazones infinitos hay miles de habitaciones y cada una de ellas está rotulada con sus nombres. Todas sus pertenencias permanecen imperecederas allí y podemos volver a visitar esas estancias cuando lo deseemos.

Pero a veces es conveniente cerrar el recuerdo, temporalmente, en baúles con siete llaves. Pues el olvido es necesario para seguir viviendo. Solo su bálsamo curativo es capaz de cerrar las cicatrices de los corazones en tempestad.

Ya tendrán tiempo los corazones salvajes de descorrer los velos cuando se hayan serenado y saciado de tristezas.

Mi corazón, por fin estaba ahíto y pletórico de paz. Esos círculos no existían más para mi. Decidí vivir y para ello tenía que desprenderme de toda ilusión marchita. Debía vaciarme para poder volver a entregar esa luz intensa que habitaba en mi.

Ya no tenía nada…el círculo se había cerrado de nuevo.

Tumbado en el suelo de mi barquito, fundiéndome con la Eternidad y meditando sobre todo lo que me había llevado hasta allí, no me di cuenta de que el cielo empezó a adquirir súbitamente, un tono absolutamente oscuro.

La Tormenta se desató en un momento y ni siquiera me dio tiempo a coger el timón. Un infierno húmedo deshizo hasta el último resquicio de mi humilde embarcación.

De nuevo me encontré en el agua, sin un suelo en el que poder apoyar mis pies. A merced por completo del poder de esas olas que antes eran mis amigas y que ahora amenazaban tragarme. Subía y bajaba y ni siquiera sabía ya distinguir el mar del cielo.

Llegó un momento en que ya no pude más. Dejé de luchar y noté como una laxitud extrema se apoderaba de todos mis miembros.

¿Así acababa todo? ¿Tan de repente? Jamás lo hubiera imaginado. Si por un momento hubiera sabido que todo terminaría de esta forma, habría besado más labios, habría dicho más veces que amaba. Me habría parado a hablar con todos los navegantes que me crucé. Habría hecho las cosas distintas. Todo lo habría hecho mejor y de forma más intensa. No hubiera perdido el tiempo ni un solo minuto, disfrutando de la tristeza.

Hubiera sido un mejor Hombre…pero ya era todo demasiado tarde.

Ahora me hundía en el Azul Oscuro y todo dejó de tener sentido para mi…

Francisco Muñoz

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El Náufrago III. Una puerta a la Esperanza

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El Náufrago VIII. La Decisión

In El Náufrago on 22 agosto, 2008 at 22:55

Pasaron varios meses en los que continué navegando sin encontrar ningún obstáculo. De vez en cuando alguna isla solitaria me servía para llenar mis cantimploras de agua dulce y como cambio a la monotonía de mi frágil barquito.

Sentí que mi alma se serenaba. Había amado con todas mis fuerzas y había perdido todo lo que tenía. Decidí no seguir viviendo y la vida me dio una nueva oportunidad. Entendí que añoranza y desconsuelo son hermanas y las dos siempre vienen de la mano, por lo tanto, me esforcé en borrar de mi memoria cualquier recuerdo que me llevara de nuevo a los labios de mi princesa. El pasado estaba muerto, el futuro lo construía día a día, solo el presente se presentaba como un puerto amigo en el que poder fondear. Tomé la resolución de que a pesar de todo, continuaría caminando, aunque despacio, así siempre haría camino. El Rumbo me lo marcarían los arcoiris que la Providencia me presentase, hacia ellos aproaría mi barco. Yo era un SER del presente, nada ni nadie podía juzgarme por mis errores pasados. Nada importaban mis éxitos o fracasos si de ellos no sacaba las consecuencias necesarias para crecer y mejorar día a día.

Por las noches, me quedaba mirando la infinidad del cielo que, tachonado de luceros multicolores, me servía de manta con la que arropaba mi desconsuelo. Entonces, en mis sueños, volvía a ella y lo cambiaba todo. Era capaz de hacer que me quisiera. Era capaz de derretir el mundo helado en el que decidió vivir sin mi. Era capaz de todo, pero aquello solo eran sueños, nada más.

El Mar, que me daba cobijo y que me acunaba en mi soledad, me enseñó que la esencia de las cosas es inmutable, aunque para llegar a ella, estemos sometidos a constantes cambios. Este mar, amigo y risueño, había sido el mismo que me había hecho naufragar mil veces, era el mismo que me refrescaba y protegía del sol, pero también era capaz de helarme hasta el tuétano. Este mar era el mismo, en los puertos y en las playas. Siempre era el mismo, estaba en todos los lados y sin embargo no pertenecía a ningún sitio.

Yo sería como mi Mar. Como el Rio que nace en la Montaña y al mismo Tiempo está muriéndo en la desembocadura. Sería así, me desprendería de todo lo que me atase a algún sitio. Al fin y al cabo no tenía nada, excepto mi existencia en la carne. Sólo esto podía perder. Las prisiones de hueso y sangre a las que me había condenado, desaparecerían si lograba renunciar a ellas.

Aquel Mar, aquel Cielo que me circundaba serían a partir de ese momento, los únicos testigos de mis victorias o fracasos.

Pero en el momento en que me descuidaba, ella aparecía y lo borraba todo de un plumazo. El Sol, las Estrellas, los niños, las puestas de sol, los arcoiris, todo aquel decorado gigantesco y magnífico lo podían quitar. El que lo puso todo allí, se lo podía llevar a cualquier otra parte, porque Ella ya no estaba, porque yo ya no era capaz de mirar el torbellino de nieve y el paso de cometas que se reflejaban en sus iris hermosos.

Esto es el Amor, capaz de elevarnos a la cima más gigantesca y dejarnos caer de un solo golpe al más profundo de los infiernos.

Pero cuando peor estaba, siempre aparecía mi amiga La Gaviota y me recordaba todas las veces que me había hundido. Todas las veces que creí que no vería otro amanecer y como de todos mis fracasos había salido fortalecido.

Ten paciencia. Me dijo. Las cicatrices de tu corazón no cerrarán en un instante, ni puedes pretender ignorarlas y continuar viviendo como si nada. Pero tampoco te detengas ni estés lamiendo tus heridas más tiempo del necesario. El dolor nos hace adictos a él, incluso con más fuerza que la alegría. No caigas en esas añagazas. Tú eres un caballero de Luz, solo tienes que volver a recomponer tu armadura y volver a batallar con los dragones que custodian a tus princesas.

Y diciendo esto me sonrió y guiñó un ojo

Pero Gaviota, yo la amé con todas mis fuerzas. ¿Por qué salió mal? ¿Si dándolo todo he fracasado, con que armas puedo enfrentarme al próximo combate? Siempre perderé. No hay ninguna esperanza para mi.- Le contesté cabizbajo.

La Esperanza siempre alienta. Me respondió. Espera renacer, como el amor, de la más mínima de las ascuas.
Fuiste derrotado, es cierto, pero no perdiste. No perderás jamás, a no ser que te rindas. No llegaste a entender cual era la chispa necesaria para derretir el corazón de tu princesa, o quizá simplemente, no tenías la mecha adecuada.
Eso pasó y ya no existe. ¿Vas a doblar la rodilla, o vas a volver a combatir? Tú no has sido creado para sufrir, aunque el sufrimiento es necesario, pero sólo en su justa medida. No es esa tu misión. ¿Continuarás o abandonarás? Necesito saberlo AHORA, no perderé más tiempo con un fracasado cobarde que no es capaz de enfrentarse a sus temores.
Puedes quedarte aquí para siempre, preso de tus fantasmas y disfrutando de tu dolor. Jamás volverás a verme, si es que decides eso. O puedes elegir VIVIR y continuar navegando. VIVIR implica el naufragar y sufrir, pero eso depende de TI
.

-¡Decide ahora mismo!. Me exigió

Y me miró muy seria.

Aquello me sorprendió, porque la amiga en la que yo creí reposar, me estaba dando un ultimátum terrible, y me dieron ganas de… ¿llorar?. No, aquello ya no iba conmigo. Yo no era un cobarde. Había actuado como un niño herido que requiere constantemente la atención de su Madre, pero todo aquello acabó en aquel mismo momento. Yo era un Caballero de Luz. Tenía una espada. Mataba dragones y liberaba princesas. Surcaba los Mares en busca de aventuras y dormía bajo los arcoiris. ¿Cómo podía haber olvidado aquello? ¿Cómo podía haber olvidado que nunca se ha de cerrar el libro hasta la última página?

VIVIR, quería VIVIR. Quería AMAR y ser AMADO. Quería disfrutar de la noche, de las estrellas, de los cometas. Quería disfrutar del Mar, del Sol, del Viento azotándome la cara. Quería descubrir si, aparte de inviernos y nieve, en los ojos de otras princesas habían puestas de sol y caballos de mar.

¡Que sabia es la Providencia, que no nos da pesos que nuestras espaldas no puedan llevar! Lo único que tenía que hacer era batir mis alas y salir de aquel infierno en el que quise caer. Nunca más lo haría. El Amor nada tiene que ver con la desesperación. Ahora lo había comprendido.

Tenía aún mi espada y el ascua de Amor Verdadero…¿a que podía temer?

Me puse en pie, con la resolución que da saber que en realidad, eres invencible.

-¿A dónde nos vamos?. Pregunté a la Gaviota.

Sube en tu barca y deja que el Viento te GUIE. Nos veremos luego. Contestó con un último graznido.

Y echó a volar hacia el horizonte, mientras yo subía de nuevo a mi barquito.

Francisco Muñoz

Escrito en "La Casa del Puente", Pietrelcina (hogar natal del Padre Pío, en Italia) el 21 de Agosto de 2008

Se que sufres, que en tu caminar has perdido muchas cosas que te resultaban imprescindibles. Que te faltan tus amados y que una soledad enorme te embarga. No hay explicación para estas terribles tragedias que a veces, nos acontecen. Simplemente hay que SEGUIR CAMINANDO y disfrutar de esas pequeñas cosas que siempre han estado ahí, pero a las cuales no hemos dado importancia. El Camino en si, no es el objetivo, pero forma parte de EL. Deja que el Camino te inunde, hazte piedra y musgo, siente los pies de todo aquel que te camine. Lo mínimo forma parte del TODO, siente que perteneces a una cofradía universal, llena de Amor. Los Amigos apareceran ahí para ayudarte, cuando menos lo esperes. Cuando peor estan las cosas…más cerca está el momento de que la Suerte cambie. El Día es más nublado, justo antes de que acabe la tormenta.
No pierdas la FE. Dale a cada día su Afán. Resuelve tus problemas según te vayan apareciendo y si alguno te parece demasiado grande, simplemente sortéalo….ya te darán los medios para solucionarlo en el momento adecuado. No te preocupes.
El Amor es inmensamente bonito, pero no vivas del recuerdo de los labios pasados. Toma lo que te den, acepta lo que te hayan dado, e intenta siempre quedarte con lo positivo. EL AMOR ES ETERNO, tú bien lo sabes. Siempre se ama como la primera vez. Lo único que tienes que hacer, es vaciarlo de todo aquello negativo que te haya dejado el hastío pasado. No culpabilices a otros por el mal que alguien te haya causado…ni siquiera culpes al que te lo hizo. Simplemente fue una marioneta del destino, para enseñarte lo que es una verdadera Puesta de Sol.

Camina siempre. Camina, aunque despacio, porque así también se hace camino. La senda más larga también se puede recorrer con pasitos cortos….simplemente has de tener paciencia.

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El Náufrago VII. La Insoportable Levedad del Ser

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El Náufrago VII. La Insoportable levedad del SER

In El Náufrago on 11 mayo, 2008 at 19:00

Desperté con la furia del oleaje golpeándome la cara. Al entreabrir los ojos me encontré un muro de agua enfrente. La vela rota por el viento y mi barca completamente indefensa, como un minúsculo cascarón al que golpeara con furia un titán terrible. Subía y bajaba por montañas inmensas de olas que rugían y amenazaban tragarme. Pero ese vaivén infernal y aquel maremágnum tremendo, no hacían otra cosa que poseerme con una laxitud benefactora.

Colgado allí, de mi timón, completamente desvalido, huérfano, herido, derrotado y sin rumbo. Sin ni siquiera saber donde terminaba el mar y donde empezaba el cielo. ¿Cielo? Aquello ya no tenía ningún significado para mí. Porque yo solo veía un Infierno. Un Infierno de Mar y Desamor.

No, no tenía ningún miedo a la muerte…

Había perdido a mi Amada y ya nada tenía sentido para mí. Recordé a mi Enemigo muriendo en la playa, rogándome que le dejara reposar allí, al lado de ella y de su querida Luna. El no necesitaba tocarla ni sentirla, había trascendido de todo aquello. Pero yo Moría por Poseer. Quería vencer para rendirme luego. Quería ser su TODO o su NADA.

Pero Nada tenía, nada me quedaba y el Recuerdo me laceraba el Alma con una desesperación terrible. Ni siquiera tenía ya tristeza suficiente para llorar. Incluso las lágrimas me habían abandonado.

¿Por qué me tenía que haber enamorado de Ella? ¿Por qué dándole Todo no fue suficiente? Amar….no quería ese sentimiento que me hacía tan absolutamente dependiente y tan profundamente vulnerable. Nunca había necesitado nada, ¿por qué ahora no podía ya navegar sin mirarme en sus ojos? ¿Por qué necesitaba beber de sus labios? ¿Por qué me sentía tan solo y desesperado?

Demostró no amarme, pero no podía culparle por ello, porque la triste realidad es que Ella era incapaz de Amar. Estaba sumida en unas tinieblas perpetuas, un letargo eterno del que no quería salir porque no quería ser herida. Fui algo transitorio que no cumplió su objetivo y a lo que hay que desechar después de utilizado. Podía haberle dado Todo, pero ese Todo para ella era Nada. ¡Oh Dios, como me pesaba la existencia! No la quería ya, quería hundirme  en el océano y dejar de pensar para siempre. Quería dejar de ver su imagen en todas partes. Quería dejar de oír su Voz, allí en medio de la negrura infinita que me atenazaba y que me mordía con saña

Seguramente yo tenía la culpa, por mi mediocridad, por mi orgullo vano al creerme un caballero que podía liberarla. Seguramente yo tenía la culpa por no haber sabido poner freno a mis sentimientos. Debería haber matado a mi Enemigo…ahora al menos, estaría con ella.

Todos estos pensamientos cruzaban cual vertiginoso vendaval mi maltrecha mente. Ora me culpaba a mí, ora la culpaba a ella por mi fracaso. ¡Qué ciego estaba! El Amor es un campo de batalla en el que Todo está permitido. Un campo de batalla en el que no se hacen prisioneros. Pero yo entonces no lo sabía. Pensaba, ingenuo que el Amor romántico es igual al de una Madre o al Amor Divino.

Grité con todas mis fuerzas hacia el Cielo. ¡Que caiga un Rayo y que me parta! ¡Que se hunda mi barco! ¿Hasta cuándo vas a tenerme así, sufriendo? ¿Disfrutas con ello? ¿Es este tu Amor? 

Perdí el sentido y quedé colgando otra vez desamparado en medio de aquella tormenta.

Despierta, necesitas beber. Oí una voz familiar como al fondo de un túnel que por momentos se iluminara con una luz blanca lejana.

Mi amiga, la Gaviota sin Nombre y sin Dueño me estaba dando agua con su pico.

Lloré, y al llorar sentí que me liberaba de todos mis fantasmas. Allí había alguien que me quería, que se preocupaba por mí. Me estaba dando de beber de su misma boca. No le preocupaba el aspecto de despojo humano en el que me había convertido después de toda aquella Tragedia. Ella era mi Amiga y había venido a buscarme.

No te castigues más por favor. No fue tu culpa, tampoco lo fue de Ella. Aunque si me dieran a elegir, preferiría ser tú antes que tu Princesa.

La Vida es esto, pequeño mío, es cabalgar y aceptar que puedes sentir dolor si te caes. Pero siempre, siempre, vuelve a montarte. Nos obcecamos muchas veces intentando hacer nuestro, algo que es completamente opuesto y el Amor es lo contrario, es Unión.

La Vida tiende a separar a los amantes, elige pues algo cercano, próximo a tu manera de ser, para que esa separación que puede llegar a producirse, no culmine en ruptura.

Acepta también que la Felicidad jamás la has de poner en cosas caducas. Nada ni Nadie te puede hacer Feliz. La Felicidad es un proceso de crecimiento espiritual interior, de aceptarse a uno mismo y de conocerse, con nuestras limitaciones y nuestros defectos. Solo cuando somos Felices de esta manera, estamos preparados para compartir felicidad y equilibrio con nuestra pareja y con el resto del Universo. No aceptes nunca ser el objeto de Felicidad de Nadie porque fracasaras irremediablemente, y este ha sido el caso con esa princesa que necesitaba que mataras a su enemigo para ser Libre y Feliz.

El Amor es Naturalidad, es sencillez, es entrega. Ha de hacerte sentir fuente de Luz. Si no te inspira a ser mejor cada día, no es Amor. Y no confundas jamás Amor con Pasión. El Amor es Alma y la Pasión es Cuerpo, aunque también las Almas necesiten comunicarse con el Cuerpo.

Encontrarás personas incapaces de Amar. Lo necesitan desesperadamente pero no saben cómo hacerlo. Estas personas destrozan a todo aquel que se acerca a su lado. Las reconocerás porque solo existe su Mundo, jamás entregan nada y la soberbia es su principal característica. Sienten frio y la única forma de calentarse es con el calor del Amor Verdadero que otros les ofrecen pero que nunca es suficiente. Tu princesa era así, pero no sientas rencor por el daño que te causó. Ni siquiera ella es consciente de eso. Ella duerme, esperando el día en que seguro despertará. Llenate de misericordia y reza para que aprenda a Amar. Pues no hay peor tragedia que sentir que ya no sientes más.

Me desató del timón y me dio un último consejo:

-Las cicatrices por Amor son las más bonitas. No tengas miedo a esas batallas y a que te hieran en ellas. Ahora repara tu vela y sigue navegando. Recoge esos pedacitos de corazón que crees que tienes roto, algo me dice que vas a necesitarlos de nuevo.

Y salió volando….

Francisco Muñoz. Escrito el 11 de Mayo de 2008 en Madrid

El Náufrago VI. El Enemigo

In El Náufrago on 24 marzo, 2008 at 16:28

Continué subiendo hacia la cima de la montaña. No veía nada. La Niebla lo enseñoreaba todo y me obligaba a andar a tientas. Me golpeaba con el ramaje y me laceraba la piel. Caía y me volvía a levantar. Pero impulsado por el deseo terrible de acabar con mi Enemigo, continúe. De mi mente se había apoderado la obsesión de la Venganza, tiñendo mi vista de un velo de ira rojo que me impedía pensar.

Tarde varias horas en ascender y a medida que subía, noté que la niebla se disipaba. La cumbre ya estaba próxima por fin. Cumpliría mi misión. Para ese momento y esa hora me habían creado. Haría el Bien, aunque para ello tuviera que obrar Mal….¡qué equivocado estaba!

Un túmulo me recibió al doblar un recodo del camino. No había ningún símbolo en él y no le di mayor importancia, pero a los pocos metros encontré otro y luego un poco más distante uno similar. Conté diez. Parecían, efectivamente, tumbas pero no pude estar seguro hasta que al llegar al último lo observé. Había unas flores encima. Alguien las había dejado como un mudo homenaje. Ya no me cabía la menor duda. Había gente enterrada allí. Aquello era un cementerio. ¿Quienes eran? ¿Víctimas quizá de mi Enemigo? Pero entonces, ¿por qué había depositado flores en aquella tumba?

Estaba ya muy cerca cuando oí la voz…

Has tardado mucho. Llevo una eternidad esperándote.

Saqué mi espada de su vaina y di un salto adelante, hacia donde se oía aquella voz. Acabaría rápido y volvería al lado de mi princesa. Jamás me volvería a separar de ella. ¿Pero acaso el Amor tiene algo que ver con el Odio?

En aquel momento yo pensaba que si. Que todo lo justificaba mi deseo de liberar princesas y beber de sus labios preciosos. Necesitaba naufragar en el mar de sus brazos. Necesitaba vencer y rendirme luego. No había ya mas Vida que la Suya. Quería encadenarme por siempre, a cadena perpetua en aquella dulce prisión que formaban sus ojos y su pelo.

¡Que limitados somos y que desprendidos y frágiles nos vuelven los sentimientos! Es cierto que el Amor lo mueve todo, también lo mueve el Odio, pero al fin y al cabo es el mismo sentimiento, solo que cambiado de signo.

Mi espada parecía haber cobrado vida por sí misma. Reclamaba su premio y yo estaba dispuesto a dárselo. Allí estaba el Ogro que había encadenado a mi princesa. Aquel que la tenía presa en aquella prisión de niebla y frío. Su reinado había acabado. Allí estaba yo, que haría vencer al Bien sobre el Mal y que pondría fin a todo aquello.

Pero…..

Lo que vi no tenía aspecto de Ogro, ni siquiera de hechicero malvado. Allí solo había un anciano vestido de blanco que me miraba con una profunda ternura. En sus ojos no vi miedo, solo una profunda comprensión y Paz.

-¿Como está Ella? ¿Sigue habiendo un huracán en sus ojos? ¿Sigue iluminando la noche con su presencia?- Me preguntó mirándome a los ojos.

La espada se me cayó de las manos. Toda mi seguridad, mi anhelo de venganza y sangre, cayeron también por tierra. Yo no era ningún asesino y mucho menos de ancianos indefensos. El mismo Amor que a mi me había impulsado a subir a aquella Montaña, se vislumbraba en los ojos de esa persona.

Me mandó matarte– dije con vergüenza- Me dijo que la tenías presa, que habías rodeado su mundo de niebla y frío para que no pudiera ver las estrellas. Me contó que eras el causante de su desgracia y que yo tenía que liberarla.

Lo se– respondió- Hace muchos años a mi me dijo lo mismo. Subí hasta aquí y maté a mi antecesor, igual que él había matado al suyo. Hoy reposan todos cerca de mi. No pasa un día sin que me acuerde de ellos…pero yo era tan joven y en aquel momento no comprendía. Era casi tan joven como tú.

Y entornó su vista. Me pareció que lloraba.

Miré hacia abajo, hacia donde estaba mi princesa. Esta vez me di cuenta de que no había ninguna niebla. Podía verla allí, al pie del acantilado, observando como morían las olas a sus pies y esperando…

Y ante esa visión mi Esperanza se derrumbó. Me di cuenta de que todo era Falso. Yo no era su Caballero. Ella no me había esperado a mi. Nada de lo que yo pudiera darle sería suficiente. Le habría dado mi Alma, todo lo que significaba algo en mi Vida, pero hubiera sido inútil.

Me sentí vencido. Cayeron sobre mi todos los años de viaje en soledad, como una losa que cerrara la puerta de un sepulcro eterno. Estaba allí, al lado de ella, tan cerca y sin embargo tan lejos. ¡Dios Mío, si pudiera hacerla mía! Si la pudiera hacer comprender que le Amo con todas mis fuerzas, que todo es posible si confía en mi. Si por un momento quisiera navegar conmigo. No pediría nada a cambio, me conformaría con mirarla en la distancia. Me alimentaría de sus besos, aunque no fueran sinceros.

Pero yo sabía que aquello era una quimera. El Amor siempre busca algo a cambio. Necesita saber que no bebe en pozos secos ni hastiados. Necesita renacer cada mañana y acunarse en la posibilidad de un rescoldo. Sin esa mínima posibilidad, el Amor huye para salvarse. Porque no hay nada que aterre más al amor que la desesperanza y la Muerte. El Amor es Vida y la Vida busca perpetuarse.

En aquel momento dije Adiós a mi Princesa. El Hechizo se había roto para siempre. Creí morir allí mismo….

– Ven, te sacaré de aquí– Le dije al anciano.

Y le tomé en mis brazos. ¡Qué poco pesaba! Su Existencia se había consumido por aquel Amor imposible. Ese Amor que a mi también me estaba matando.

Bajamos con cuidado la montaña y llegamos hasta la playa. La luna enorme se despertaba al borde del océano. Jamás me había parecido tan bonito todo y a la vez tan triste.

No puedo irme de aquí– Me dijo el anciano- Mi tiempo se ha acabado. No me fuerces, por favor. Déjame en la playa donde las pueda ver a las dos. A mi Princesa y a la Luna. Quiero descansar así y que sean sus ojos lo último que vea.

Le entendía perfectamente.

En cuanto dijo esto cerró los ojos y dejó de existir.

Me fue fácil cavar su tumba en la arena blanda de la playa. No sentí ningún dolor ni perdida. Pensé que la muerte por Amor era la muerte más dulce y él había muerto amando, sin ningún reproche en su alma. No pidió nada a cambio.

Sin embargo a mi, el Desamor me estaba matando. Notaba una Angustia tremenda, como si alguien se estuviera colgando de mi estómago. Como si no fuera mañana a salir el Sol. Como si aquella Noche tranquila fuese a ser ya para siempre eterna.

Casi arrastrándome me acerqué a Ella.

Estas libre, tu Enemigo ya no te posee. Ha muerto– Le dije, completamente derrotado. 

-¿Por qué entonces, sigo sin ver las estrellas? ¿Por qué hay esta niebla que lo circunda todo?

-No hay niebla– Le respondí- Tienes los ojos ciegos a todo lo evidente. Tu incapacidad de Amar, de sentir algo por nada que no seas tú, te impide ver más allá.

Y noté que se me quebraba el corazón al decir esto.

Me di la vuelta y destrozado me dirigí hacia la balsa.

Espera, no puedes irte– Me gritó- Nadie me abandona. Tienes que alumbrar mis tinieblas. ¡Te ordeno que te quedes!

Empuje la barca al mar y me até al timón para no poder dar la vuelta. En aquel momento sentí una fiebre inmensa que se apoderó de todo mi ser, un cansancio extraordinario me invadió y, por fortuna, me desmayé.

Mi barca lentamente, se alejó de la Isla. Allí quedó mi Corazón, para siempre. 

 

Francisco Muñoz

Hay un Domingo de Resurrección para Todos. De las Cenizas renace el Ave Fenix.

 

El Náufrago V. El Encuentro

In El Náufrago on 29 febrero, 2008 at 17:38

Lo oía…

Podía oírlo muy en la distancia. Un canto dulce y triste a proa de mi embarcación. Se colaba entre la niebla y me arrastraba hacia él, como si no hubiese más camino que el que aquel sonido me marcaba.

Hacía días que navegaba en un banco espeso de niebla. Lo cual no me preocupaba en absoluto. Aquel que conoce que existe el Sol, no teme porque temporalmente lo pierda, sabe confiado, que tiene que continuar el Viaje. Además la Luz tiene un brillo especial entre la niebla, es como una promesa de totalidad cercana. Las Tinieblas existen para dar sentido a La Luz.

Así que no tenía ningún miedo.

Pero de pronto me acordé.

Aquellas historias que otros navegantes me habían contado de cantos en la noche que arrastraban a tu embarcación y al final terminaba estrellada contra algún arrecife traicionero.

Tenía que cambiar el rumbo inmediatamente. Todo concordaba. Aquella dulce voz, la Niebla.

Pero no podía evitarlo, me sentía inexorablemente atrapado y me dejé llevar.

Llegué a una playa gris y mi barca se varó en su orilla.

Una cosa es navegar aunque no puedas ver. Tu mundo se reduce a los límites conocidos de tu embarcación y puedes controlar lo inesperado, sientes el Mar como un colchón protector que te circunda y protege. Pero otra cosa es estar varado en un sitio desconocido y pensar que no controlas nada de lo que pueda haber en ese Universo exterior e inexplorado. El Colchón protector ya no existe.

Si me hubiese acordado de todas las veces que había naufragado. De cómo de repente me había visto flotando en el inmenso mar, sin ningún apoyo ni seguridad, probablemente no habría pensado eso. Pero la memoria del Ser Humano es frágil y nos acostumbramos con facilidad a la comodidad, olvidando los quebrantos anteriores.

No me atrevía a salir de la balsa. Mi Mundo estaba allí ¿y si desaparecía? Seguramente podría hacer otra, pero ya me había acostumbrado a aquella. ¿Por qué cambiar?

-¿No vendrás?

Oí que preguntaban muy cerca de mí.

Era aquella Voz maravillosa que me había atraído hasta allí.

Sin dudarlo un momento salté de la barca y corrí entre la niebla buscándola. Esa Voz…yo la conocía, la había oído en sueños. Esa Voz, era de ELLA. Ella existía en algún sitio en aquel ignoto blanco y yo tenía que reunirme con la que me llamaba.

De pronto apareció, apartando las Brumas a su Paso. Aquella Niebla brillaba con un blanco deslumbrante, solo porque Ella estaba allí. Portaba la Luz y me llamaba.

En cuanto la vi, supe que había vuelto a Casa. Ella era mi Mar y cuando apareció supe que todo tenía sentido. La luna, las Estrellas, el Sol, el Océano, todo era un decorado. Solo Ella era Real. El Camino era ese, la Meta estaba allí. Al Final estaba claro. Por fin me había completado

Lloré. Sentí que mi Rostro se inundaba de lágrimas por la inmensa Felicidad que me embargaba. Todos aquellos Naufragios, las noches a solas, mirando las estrellas y preguntándome el porqué de aquel Navegar, ahora lo entendía Todo.

Sin embargo ¡qué equivocado estaba! ¿Cómo nos puede llevar el Amor a Justificarlo en lo Caduco? El Amor es eterno…pero en aquel momento, el Tiempo se había detenido para Mí.

– ¿Por qué no apareciste antes? Le pregunté

– Tenías que matar al Dragón. Me respondió

Y al decir eso me acarició el pelo y me sonrió.

¡Dios Mio, aquellos Ojos! Aquellos Pardos Ojos. Había un millón de tormentas en ellos. El Sol se ponía y Amanecía al mismo tiempo. Sentí que había un abismo inmensurable en el interior de sus pupilas y yo quería dejarme caer en él. Quería acunarme en aquellas pestañas larguísimas. Quería cubrirme con aquel pelo suave y brillante.

– ¿Un Dragón? – Pregunté extrañado – Navegando, solo he visto Gaviotas. ¿De qué Dragón me hablas?

– Todos los caballeros persiguen dragones. Tú no eres una excepción. Has venido cuando tu armadura ha terminado de forjarse en el combate. Has derrotado a todos tus Enemigos y ahora vienes a Mí. Para liberarme, para pasar la última prueba. En ti confío.

Y depositó un tierno beso en mis labios…

Pues claro, yo era un caballero, mataba dragones y liberaba princesas. Tenía una armadura y había acabado con todos mis Enemigos…

No tenía ni idea de lo que hablaba. Pero hubiera sido lo que ella quisiera, porque yo no veía más que unos Ojos Pardos llenos de Viento y Nieve

Me sonrió y me dijo:

– No podía ser Feliz sin ti. Por fin has aparecido. ¿Me liberaras?

– ¿Liberarte? ¿De Quién? ¿Quién te tiene presa? Pregunté.

E inmediatamente sentí una furia incontenible. Hubiera roto el Firmamento, hubiera apagado el Sol, solo por liberarla. Sus Enemigos eran los míos. Defendería a mi Princesa hasta el último hálito que pudiera tener de vida. La Sangre en mis venas solo bombeaba por y para Ella. Si era preciso la derramaría. Entregaría mi Ser, solo por hacerla Libre y Feliz.

Sus ojos se cubrieron de tinieblas y una lágrima solitaria rodó por su mejilla. Me vi reflejado en esa gota y también vi un Mar de Estrellas y Cometas que cruzaban al fondo. Sin embargo, estábamos rodeados por la niebla. Solo iluminada por la Luz que desprendía mi Princesa.

– Él tiene la culpa. Y señalo a la distancia. Habita en las montañas oscuras y ha cubierto mi isla de niebla, para que no disfrute viendo el Sol, para que los luceros no vengan a hacerme compañía. ¿Acabaras con él, caballero mío?

¡Oh Dios Mio, como brillaba el Ascua de Amor Verdadero que tenía en mi bolsillo! Sentí que su calor me abrasaba. Subía hasta mi cabeza y cubría mi vista con un velo rojo.

¡Malvado, criminal! ¿Cómo podía hacerle daño a ella? A esa criatura angelical que justificaba mi existencia con su sola presencia.

– ¡Por supuesto, que lo haré! Y me puse en pie con determinación.

Ella se giró y recogió algo a su espalda. Al Volverse de nuevo a mi, descubrí que tenía una espada de Luz en la mano.

– Toma. Utilízala contra él. Mátale y regresa. Seré tuya para siempre y las Tinieblas desaparecerán.

Aferré el frío acero en mi mano. Aquella Espada parecía tener vida propia. Por un momento un fogonazo terrible cruzó por mi mente. Vi la Espada cubierta de Sangre. Esa Sangre pertenecía a muchas personas distintas que habían sucumbido por su filo.

Bueno, al fin y al cabo para eso son las Espadas, ¿no? Están hechas para derramar sangre, para cercenar Vidas.

Yo Portaba la Espada. La Blandiría en una Causa Justa. Liberaría a mi Princesa de aquel Ogro Maldito. Tenía por fin, una Misión Clara, un Objetivo que alcanzar.

El Premio me esperaría a mi vuelta.

Me interné en la Oscuridad en busca de mi Enemigo….

Francisco Muñoz

Escrito en la Playa de Los Locos. Suances. El 29 de Febrero del 2008

El Naúfrago IV. Después de la Noche

In El Náufrago on 11 febrero, 2008 at 20:14

Habían pasado algunos días y continuaba navegando. Los círculos se habían cerrado. Nada temía ya. Mi experiencia en aquel mar sombrío y muerto, me había enseñado que hay que cerrar el pasado para poder vivir el presente. La Vida se bebe, a veces de un trago, a veces sorbito a sorbito.

Tomamos decisiones que nos marcan y el miedo al futuro, a veces, nos impide mirar más adelante. Nos acurrucamos en situaciones que no nos aportan nada, por miedo a dar un portazo y que se nos caiga nuestro mundo. En realidad cuando se llega a ese momento, el mundo que habíamos conocido no existe ya.

Pero intentamos inventarlo, vivir de mentiras porque tenemos miedo a la Verdad.

¡Con lo fácil que es hacer un barquito y salir a navegar!

Hay miles de mares inexplorados. Mil puestas de sol que observar. Cielos infinitos que nos cubren. ¿Por qué tener miedo a la Soledad? Llegamos solos y nos hemos de ir solos. Ese es el destino y la grandeza del Ser.

Navegantes habrá que nos acompañen en algún momento y disfrutaremos de su presencia, nos enseñarán y compartiremos. Pero en otros momentos no hay más remedio que navegar a solas. Sortear las mareas que la Vida nos mande.

No somos marineros de estanque, estamos hechos para surcar Mares Inmensos y para descubrir.

Lo importante es ser feliz, es nuestra misión primordial. Pero sin poner nuestra felicidad en manos de nadie, puesto que nadie tiene la llave de nuestra felicidad y nadie nos ha de completar.

Tú, sólo tú, tienes los medios para lograrlo, por ti mismo, porque somos depositarios de la Chispa Divina, porque somos todos hijos del mismo Padre.

Y El Padre no te quiere triste, no te olvides de ello.

Por arriba una gaviota volaba en círculos alrededor de mi barco. 

De pronto, empezó a llover. Era una lluvia fina. Sentí que me vivificaba y me confortaba. Era como si me limpiase de todos mis miedos y dudas. ¿Pero no había nubes? ¿De dónde viene este agua?

Es la lluvia de la Esperanza

Mi amiga la gaviota había vuelto.

¿Dónde te habías metido? ¿Eras tú la que volaba sobre mi barco? ¿Por qué no me dijiste tu nombre? ¿Por qué…?

Veo que ya no te interesa la lluvia, ¿verdad?– Me interrumpió

Si, claro que me interesa, pero nunca respondes a mis preguntas.

Preguntas lo evidente, a lo mejor es por eso– Contestó

Pero bueno, ¿cómo que lo evidente?. No entiendo nada. Esta gaviota, o lo que sea, me quiere volver loco. Para mí, nada es evidente. Soy hombre, no me entero de la mitad de las cosas. ¿Por qué no me habla claro?…se nota que es chica.

¿Qué te hace pensar que soy hembra? Me preguntó

¡Vaya, se me olvidó que me lee el pensamiento! En realidad yo no entendía nada de gaviotas.

Das muchas cosas por sentadas, ese es uno de tus principales problemas. Los prejuicios te ponen barreras. Te defiendes sin necesidad. Distorsionas la realidad, porque ya la has preconcebido y eso te lleva a juzgar. Cuanto más juzgas menos Amas. Sin Amor no hay viento que hinche tu vela y no puedes navegar. Por eso te quedaste atrapado en el Mar del Olvido. ¿No lo recuerdas?

No lo recordaba así– dije-. Creí que me había quedado allí, porque tenía que a cerrar círculos y aprender lo que es la Vida y…

Impresionante.- Me interrumpió- Llevo volando una eternidad y todavía no se qué es la Vida. Y tú lo has descubierto en una noche.

Me dijo aquello con una sonrisa en el pico.

¿Pero desde cuando se ríen las Gaviotas?

– No amiguito, no has descubierto lo que es la Vida. Te quedaste allí, porque tu vela se desinfló, porque olvidaste lo que era Amar. Porque la yesca de Amor Verdadero que te dio el náufrago de la isla, se había apagado.

No, no puede ser. Pensé aterrorizado

E inmediatamente miré en mi bolsillo….la yesca con amor verdadero, estaba apagada.

Sentí que en aquel momento, ya no me importaba nada y lloré. Lloré como un niño, porque había perdido el Amor Verdadero. Me acordé de mi estancia en la Isla, de las noches de luna y estrellas. Recordé el olor de la Vida y lo que significaba sentir la seguridad y la compañia .

Pero la yesca estaba apagada, y yo no podía cambiar eso.

No tenía ganas de navegar, quería hundirme en ese mar y que me llevara la corriente, adentro, muy profundo. Ya nada tenía importancia.

Ves como no has aprendido lo que es la Vida –Me dijo la Gaviota- Tanto navegar y sigues sin enterarte. Te dije que aquella lluvia era la lluvia de la Esperanza. Brilla el Sol y llueve. Abre los ojos y MIRA.

Cuando por un momento deje de llorar, vi lo que aquella Gaviota me quería enseñar

Al fondo del mar, entre la lluvia y el cielo. Allí, muy alto y distante, llenándolo todo de un paraíso multicolor….se estaba pintando un ARCOIRIS

Francisco Muñoz

Escrito en Jerusalen el  8 de Febrero del 2008

El Náufrago III. Una Puerta a la Esperanza

In El Náufrago on 29 enero, 2008 at 1:23

El Viento hincha mi vela. Al frente horizonte nada más.

Llevaba mucho tiempo navegando. Me había hundido y había rehecho mi barquito en varias ocasiones. Cada vez me parecía más difícil. Cada vez pensaba “esta es la última, ya no puedo aguantar otro naufragio”. Pero siempre ocurría algo y al final, ese algo acababa en desastre.

Sin embargo, de cada naufragio salía fortalecido. Me daba cuenta de que era capaz de rehacer mi embarcación cada vez más rápido y sobre todo, de que no necesitaba tantas cosas para navegar como creía al principio. Lo imprescindible siempre acababa desapareciendo y tornándose en lastre del que me era preciso librarme.

Las situaciones de seguridad se me antojaban ilusiones que al primer soplo de fuerte viento, se desvanecían como nubes de sueño.

Pero en aquel momento, lleno de mar y cielo, aquello me resultaba indiferente. En aquel momento, ante la promesa del Navegante, ante esa posibilidad remota de una isla distinta por descubrir, de marcar un nuevo rumbo y de domar el mar ante mí, nada tenía ya importancia.

El Premio merecía todo el Riesgo…si es que no es suficiente premio el Camino en sí mismo.

Continúe surcando el Mar del Olvido divisando al fondo Nubes de Esperanza.

Pasaron los días y me di cuenta de que mi velocidad disminuía, hasta que por fin me paré del todo. El Mar tenía un extraño aspecto verdoso y el cielo era naranja. Aunque soplaba el viento no me movía. Pronto lo entendí. A mi alrededor había una cantidad increíble de algas. El mar se hizo tan tupido que era imposible avanzar.

Dios Mio ¿cómo voy a salir de aquí? No tengo agua para aguantar mucho tiempo. ¿Es esto el fin? Me preguntaba

El Hermano Sol arriba, antes mi amigo, ahora me hería con sus rayos. El Calor era insoportable. Poco a poco fui perdiendo la Esperanza y con ella el sentido.

Hola.

Oí entre sueños.

Me incorporé un poco y asombrado descubrí que había una gaviota apoyada en el timón ¡y me estaba hablando!

He debido morirme, pensé, o quizá estoy alucinado por el Sol y la Sed.

Ni lo uno ni lo otro.

Dijo la Gaviota

Aquello era el colmo, además me leía el pensamiento.

-¿Qué eres?

Le pregunté

-¿Acaso no lo ves? ¿El Sol te ha vuelto tonto? ¡Soy una gaviota, por supuesto! 

Por supuesto, era una gaviota. Una gaviota que hablaba…me tumbé otra vez y me hundí en el infinito misericorde.

Era de noche, cuando volví en mí. Una luna enorme rielaba en el horizonte. El Mar era balsa de aceite, nada se movía en torno a mí. Me di cuenta de que algo faltaba, las estrellas no estaban. Era un cielo azul oscuro, con una luna llena blanca y que con su luz lo iluminaba todo de un tono gris metálico…pero no había estrellas. No había nubes tampoco. Era un firmamento huérfano, de todo aquello que no fuese aquel redondo satélite.

Bueno, por lo menos aquel pajarraco, fruto sin duda de mi calenturienta imaginación, había desaparecido

Me asomé a la borda, y entonces los vi…

Había personas, dentro del Mar. Podía verlos pasar por debajo de mi quilla. La rozaban y se movía, aquello era Real

¿Pero qué estaba pasando? ¿Dónde había ido a parar?

Pasaron centenares antes de que pudiese darme cuenta. Yo conocía aquella gente. De alguna manera u otra había tenido relación con todos esos seres. Algunos de ellos, solo se habían cruzado conmigo durante brevísimo tiempo.

¿Qué hacéis aquí? ¿Qué queréis de mí?

Grité asustado.

Pero nadie respondía.

Me senté apesadumbrado, no sabía qué hacer. Así que empecé a rezar para que aquellas visiones desapareciesen. Yo casi no les conocía ¿por qué me atormentaba su presencia?

Es cierto, no nos conociste. Oí que alguien decía. No perdiste el tiempo necesario para habernos conocido, tu valioso y escaso tiempo. No supusimos para ti, nada más que barcos en la noche, que se cruzan una vez y luego se pierden en la bruma. Eso fuimos para ti, nada. Y sin embargo, pudimos haber cambiado tu existencia. Pudimos haber hecho de ti, un hombre distinto.

Tu indiferencia nos castigó al olvido, a habitar en estas aguas muertas y salobres. En estas profundidades de tu consciencia habitaremos siempre, para recordarte lo que no fue y pudo haber sido.

Pero yo no lo sabía. Respondí. Tomé las decisiones que me parecieron correctas. La mayoría de las veces, ha sido el Camino el que me ha impedido conoceros mejor. ¿Tengo que pagar por ello? ¿Por decidir?

Yo también habito en las profundidades de la consciencia de cientos de personas ¿es que acaso debo martirizarles porque no me quisieron conocer, porque decidieron seguir caminos distintos del mío? Cada decisión que he tomado me ha cerrado una puerta, pero me ha abierto una posibilidad distinta. No he querido hacer daño, simplemente he abierto unas puertas y he cerrado otras. Algunas puertas me costó mucho cerrarlas. Otras se cerraron sin que yo quisiera. ¿Tengo que pagar por esto? ¿Por vivir?

De pronto sopló el viento y ahora mi barquito empezó a moverse. Esta vez sí que había estrellas en el firmamento. Navegué toda la noche, sin rumbo, hasta que agotado caí rendido.

Respondiste bien ayer.

Allí estaba, despertándome otra vez, la Gaviota parlanchina.

-Vivir no es gratis, tiene consecuencias. Has de asumirlas y seguir navegando. Lo importantes no es equivocarse, sino saber asumir los errores. Levantarte cuando te caigas. Construir un nuevo barco cuando te hundas. Pedir ayuda cuando te estés ahogando. ¿Lo entiendes, verdad?

Ahora creo que sí. Respondí . Pero no me di cuenta de ello hasta anoche. ..

Bien, pues ahora, sigue navegando, a lo mejor volvemos a vernos.

Y levantó el vuelo

Espera un momento. Grité. ¿Cómo te llamas?

Pero solo oí en respuesta, un graznido… 

 

Francisco Muñoz

El Naufrago II. Cerrando Circulos

In El Náufrago on 25 julio, 2007 at 2:05

Mar….

Un inmenso y tranquilo azul a mi alrededor. Arriba con tonos de un añil claro y con penachos de algodón que simulan nubes. Por debajo de mi, un azul oscuro profundo con tornasoles verdosos y violetas.

En la cúpula celeste, observando en la distancia y regalándome su calor y luz me sonríe el Hermano Sol.

Me siento en Paz con el Universo, nada importan los naufragios ni las tempestades terribles que he sorteado en este navegar. Ahora solo importa la brisa que me acaricia el rostro, que hincha mi vela con determinación y que me empuja hacia la línea que delimita el dominio del cielo y el mar.

Salí de mi Isla hace algún tiempo. Dejando atrás el estanque de las libélulas azules. Metiendo en mi bolsita de viaje, únicamente el amor, la esperanza y tu sonrisa. ¡Qué poco pesa este equipaje, aunque esté cargado de millones de centellas que escriben tu nombre, aunque haya un millón de amaneceres que me recuerden tu voz y tus manos! Aquí guardo todos los instantes pasados con las personas que me han calado a través de mi Vida. Aquí guardo la memoria de los que ya no están, aunque sienta que siempre me acompañan.

Surcando este mar infinito, otras velas se han cruzado con la mía. He compartido con otros navegantes lo poco que tenía. Algunos conocían el secreto del fuego del Amor Eterno. Otros me han enseñado a leer en las estrellas. Unos pocos han pasado a mi lado sin detenerse siquiera. A veces he sido yo, el que no he querido detenerme y he perdido la oportunidad de aprender algo nuevo.

Un día observé en lontananza una isla minúscula, con una arena dorada y palmeras preñadas de dátiles. Me di cuenta de que el arco iris parecía brotar de ella y sentí un deseo inmenso de fondear en su playa.

Alguien me hacía señas con su mano y me puse en guardia. Recordé la mala experiencia con aquel náufrago que no entendía mi idioma, pensé que otra vez podía pasar lo mismo, así que desembarqué con precaución.

Pero no era así.

Me recibió con los brazos abiertos y una sonrisa colgada en su cara. En la arena había encendido una hoguera…me di cuenta de que había yesca de amor eterno. En aquellas brasas preparó un pez para que yo me repusiese. No hacía falta hablar, nos entendíamos perfectamente. Por la noche me enseñó que cada constelación tenía un nombre, que cada estrella guardaba una historia y que se puede navegar por el firmamento igual que lo hacemos por el océano.

Me sentía en casa. Aquella isla era pequeña, pero tenía todo lo que yo buscaba y nunca me había sentido tan acompañado. Jamás había entendido lo que era comulgar en espíritu con el Creador. Todo aquello estaba allí para mi deleite. El Sol salía cada mañana por mí, la Luna me iluminaba por la Noche, la Lluvia me refrescaba cuando lo necesitaba. No quería volver a Navegar nunca más.

Ese era mi sitio…

Pero un día al despertarme, me di cuenta de que el Náufrago había muerto.

Recogí de su pecho el calor que quedaba y lo guardé en mi bolsa. Luego busqué el sitio más bonito y le enterré al pie de una palmera junto al manantial en el que tantas veces habíamos bebido juntos.

No sabía qué hacer. Deambulé durante semanas por la isla yo solo. Sentía que tenía que marcharme, pero no tenía fuerzas. Me acordaba de todo lo que me había enseñado y los momentos de felicidad pasados allí y me sentí atado a aquella playa, a esas palmeras y al recuerdo de mi amigo.

Una mañana mientras pescaba dentro del agua, observé con espanto una gigantesca aleta gris cerca de mí. Salí a toda velocidad del mar justo a tiempo para escapar de unas fauces descomunales. Un gran tiburón blanco merodeaba por mi playa, jamás lo había visto antes.

Pasaron los días y observé que el tiburón no se marchaba de allí. Patrullaba la isla como si estuviera esperando algo.  

Sin embargo y a pesar de este nuevo peligro, decidí partir. La isla estaba demasiado cargada de recuerdos y el peso del pasado no me dejaba respirar. Tenía que buscar un horizonte nuevo. Así que monté en mi barquito y enfilé hacia el mar abierto.

No había viento y necesitaba toda la fuerza posible para vencer la corriente provocada por las olas que morían en la playa. De pronto, le vi surgir detrás de mí. El Gran Blanco se aproximaba a toda velocidad, con su boca abierta, amenazando con tragarme de un solo bocado. No podía huir, estaba parado luchando contra la resaca de las olas. No tenía escapatoria, así que decidí enfrentarlo  y mirar a mi enemigo cara a cara.

De pronto, justo cuando iba a engullirme, observé que el monstruo me guiñaba un ojo y que empujaba mi embarcación con delicadeza pero con una descomunal fuerza. Aquel impulso fue el suficiente para vencer la corriente y al entrar en el océano el aire hinchó mi vela y navegué a toda velocidad.

Me volví hacia atrás, la isla se perdía en el horizonte. Aún me dio tiempo para descubrir que los rescoldos de la hoguera se extinguían en la distancia.

De pronto sentí una tristeza profunda y me llené de melancolía. ¿Por qué me iba si allí dejaba todo aquello que me había hecho feliz? ¿Este navegar no acabará nunca?

Y entonces me di cuenta…en el borde del Mar se pintaba otro arco iris.

 

Así es la Vida. Llena de Historias pequeñas que hacen una Historia Grande. Tenemos relaciones que nos llenan y que nos hacen felices, pero a veces se acaban y continuamos anclados al pasado, a situaciones rancias y caducas que nos inundan de angustia, que no nos aportan nada, que impiden que crezcamos como personas.

Preferimos vivir del recuerdo sin pensar que somos seres del presente. Nuestra misión es buscar la felicidad, aun aceptando que en esta búsqueda podamos encontrar el fracaso y la desesperación. Las Tristezas no duran siempre, pero cuando sufrimos no nos damos cuenta de ello. Cuando una oportunidad acaba, al momento se nos está presentando otra. Solo tienes que tener los ojos abiertos para leer las indicaciones de la Providencia.

En la Vida es importante Cerrar Círculos. Enterrar lo que ha muerto. De otro modo siempre estaremos cometiendo el mismo error. Hay que abrir las ventanas para acabar con el hastío, con la pereza, con el miedo, con el desencanto, con la frustración. Hay que dejar que el Aire vivifique y renueve lo marchito y sobre todo, jamás hay que perder la ESPERANZA

A veces nuestros miedos más grandes son como el Tiburón del cuento. Solo sirven para impedirnos avanzar, pero en el momento en el que decidimos hacerles frente desaparecen y en muchas ocasiones, sirven de impulso para seguir adelante.

Cada día tenemos una oportunidad nueva de cambiar todo aquello que nos hace infelices. No te recrees en el Dolor, no mires hacia atrás pensando que aquella isla que dejaste es lo mejor que te pasó. No te recrimines en exceso por los errores cometidos, por el daño causado por tu ignorancia, porque crees que pudiste hacer mejor las cosas y sin embargo fracasaste. Todos esos desastres te han llevado a ser lo que ahora eres y cada día tienes la oportunidad de HACER todo NUEVO.

Lo Mejor, amigo Caminante, siempre está por llegar.

 

Francisco Muñoz